Facebook
Twitter
Suscríbete

Curso de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP): nueva vejez, nuevo modelo de atención

(Víctor Sariego, 29/3/2017).-  El próximo 28 y 29 de abril en Santiago de Compostela, la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) imparte el Curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la Implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP) desde el Modelo Tradicional.

Cuenta con la solicitud de acreditación de la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia, la Colaboración de la Universidade de Santiago de Compostela y la Universidade de Vigo, de la Comisión Permanente de Avaliación Académica da SGXX y del Colexio Oficial de Médicos de Santiago de Compostela.

Un curso imprescindible para estudiantes y profesionales del ámbito socio sanitario que imparte Lourdes Bermejo, licenciada en Ciencias de la Educación, diplomada en Gerontología Social, experta en Intervención Social Integral y educadora social habilitada. El curso está dirigido por Carlos Dosil, doctor en psicología y vocal de psicogerontología de la SGXX y en él participan diferentes expertos de la entidad.

Su metodología es variada y participativa, con exposiciones teórico prácticas, reflexiones, debates y trabajo individual y en grupos, con un aprendizaje significativo y aplicable a la realidad de los participantes.

(Puedes inscribirte aquí directamente haciendo clic)

El modelo de AICP

El actual envejecimiento, inédito hasta ahora en la historia de la humanidad, es uno de los grandes logros de la sociedad del bienestar, si bien supone un nuevo gran reto que, a su vez, necesita de nuevas herramientas para que su atención sea positiva para la sociedad en su totalidad.

Un fenómeno constante en la trayectoria de la SGXX que destaca que en España residen 8.701.380 personas mayores de 65 años, el 18,7 por ciento de la población o que la tasa de crecimiento anual de este colectivo social crecerá en torno al 2 por ciento hasta 2050 en el residirán más de 15 millones de mayores en el país, el 32 por ciento de toda la ciudadanía.

Nueva situación que requiere a su vez un nuevo enfoque de análisis, entre ellos sobre el modelo de atención que rige en residencias y viviendas institucionales públicas y privadas.

En ese sentido el modelo de atención vigente en el sector hasta ahora -sistema centrado en el servicio- se ha demostrado incapaz ante los nuevos cambios y realidades del envejecimiento y vida de las personas mayores. Especialmente aquellas con deterioro cognitivo o dependencia leve y trastornos neurodegenerativos.

Así cada vez es mayor el número de profesionales del sector que recurren al modelo AICP con el objetivo de convertir a usuarios y usuarias en el centro de la atención profesional, transformando las residencias en hogares para las personas mayores, logrando que la atención profesional no se realice a “pacientes o dependientes” sino a “personas” a las que se apoya en su autonomía, en el control de su propia vida, en el bienestar subjetivo, la capacidad de decidir e incluso la dignidad personal hasta los últimos momentos de vida.

La principal novedad de la AICP es que se centra en los gustos y preferencias de las personas, frente a los sistemas tradicionales de trabajo, más vinculados en la organización o en la entidad. O que normalmente la persona usuaria de un servicio tradicional se adapta a las condiciones, actividades y forma de trabajar de la entidad que se lo presta, en contraposición a la ACP donde se trabaja de forma mas personalizada, más flexible procurando que la gente se sienta mas cómoda y a gusto conociendo y teniendo en cuenta lo que ha sido su Historia de Vida, adaptándose en lo posible a su vida de su hogar.

En relación a los equipos profesionales que lo adoptan significa un gran cambio, especialmente en lo que concierne al personal de atención directa o gerocultura: además de las funciones clásicas de ayuda o acompañamiento en la vida diaria, pasan a tener un papel mucho más importante como profesionales de referencia de las personas usuarias, pues se implican en el bienestar psicológico, emocional y social de estas, como un miembro mas del equipo interdisciplinar del servicio.

Paralelamente éste no es un sistema más caro, no tiene por qué serlo. Lo consigue variando la organización y procurando la humanización y ambiente agradable en los espacios.

En España y Galicia su implantación tiene cierto retraso respecto a otros países, aunque ya existen centros privados y públicos que comienzan a trabajar en esta línea o cuyos proyectos de AICP se encuentran en distintos momentos de su recorrido dado que, si una institución utiliza el modelo residencial tradicional, necesita tiempo y formación para ir realizando cambios.

Beneficios personales, familiares y profesionales

Entre los beneficios que este nuevo modelo puede aportar a las personas mayores destaca una mejora de la calidad de vida de la persona usuaria que pasa a disponer de un gran bienestar subjetivo y mejor estado de ánimo, autonomía y dependencia y también un mayor sentimiento de satisfacción con la atención recibida, una mayor implicación en su plan de atención.

Las familias facilitan y animan con la presencia y colaboración en muchos de los cuidados, aumentan su confianza hacia el lugar en el que viven y sus profesionales y mejoran la relación tanto con la persona mayor como con la institución donde vive y se previenen dificultades. A eso se suma un mayor sentimiento de satisfacción con la atención que su familiar mayor recibe.

A los profesionales les aporta dignidad y cualificación en su trabajo asistencial y mayor motivación, ilusión y autoestima, favoreciendo los procesos de mejora e innovación, visibilizando, reforzando y poniendo en valor las actitudes profesionales positivas e incluso las buenas prácticas y el buen trato.

Se comparten logros, responsabilidad y alternativas para subsanar errores o fallos que pasan a ser exclusivos de ellos y genera la creación de espacios donde cooperar y comunicarse con usuarios y usuarias, con las familias y otros profesionales.

Por último con este modelo de ACP en la organización que la adopta se mejora en general la atención a la persona usuaria, el ambiente laboral, la toma de decisiones colectivas, el burn out o síndrome de quemado y el absentismo profesional.

Promueve instituciones más cordiales y receptivas a los cambios, la participación, la labor en equipo y el intercambio. Minimiza los problemas con las personas mayores y sus familias y ofrece un modelo referente de atención que evita las prácticas inadecuadas en las que, además se previene el maltrato y se facilita la coordinación con los recursos comunitarios.