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Tag Archives: AICP

El modelo de atención que da voz a las personas mayores

La gerontóloga social y experta en Intervención Social Integral, Lourdes Bermejo impartió el curso de AICP de la SGXX

El curso de AICP de la SGXX tuvo un gran éxito de convocatoria superando las plazas previstas que dan lugar a celebrar una segunda convocatoria

 

 

 

 

 

 

(Víctor Sariego, 4/5/2017).- Las personas mayores saben perfectamente lo que les conviene, lo que desean y lo que más les satisface para vivir su vida plenamente. Este debería ser el criterio principal de la atención que reciben en residencias, centros de día e instituciones asistenciales. Y si tienen demencia o deterioro cognitivo, el de sus familiares o amigos más allegados que conozcan bien sus profundas inquietudes y anhelos.

“Esta es la esencia de la Atención Integral Centrada en la Persona o AICP” explica la gerontóloga social y experta en Intervención Social Integral, Lourdes Bermejo que matiza que este nuevo modelo asistencial, “establece los vínculos necesarios para que cada persona mayor pueda cumplir con esa vida que desea vivir, de la forma más parecida a como ha sido hasta ahora”. Es lo que define como “normalizar la vejez”. 

Un tipo de atención que busca satisfacer todas las necesidades vitales y mejorar la calidad de vida de las personas mayores con demencia o dependencia a las que atiende, contando en todo momento con su participación plena, sus valores y su visión de cómo debe ser su vida.

Bermejo impartió precisamente un curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona los pasados 28 y 29 de mayo en el Colegio de Médicos de Santiago de Compostela. Organizado por la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) para profesionales sociosanitarios.

Ell curso ha tenido un gran éxito y acogida al completarse las 46 plazas que ofertaba y quedar en reserva otras tantas con las que la entidad quiere celebrar una segunda edición.

Según esta experta, la AICP “contribuye a mejorar el sector, no sólo por optimizar la calidad asistencial, sino también porque logra que las personas mayores sean tenidas más en cuenta por la labor profesional”.

Y es que, una de las principales aspiraciones del nuevo modelo es ir modificando la manera de trabajar y relacionarse con las personas usuarias para conseguir que estén bien atendidas y a la vez que éstas puedan seguir siendo personas adultas, valiosas y reconocidas, conscientes de que disponen de una mayor calidad de vida en esta etapa vital, aún a pesar del estado de salud o la necesidad de atención.

Para implantar la AICP, matiza, lo ideal es que las residencias e instituciones, sus espacios y las relaciones que se generan entre profesionales y personas, “sean más agradables y amables para las personas en situación de fragilidad, dependencia o discapacidad”. Configurar un entorno “lo más parecido a lo que era su hogar y que el trato recibido sea más personalizado e individual, no como paciente o dependiente”.

Según comenta Bermejo, la AICP es todo esto y mucho más: es también “una forma de relacionarse, a todos los niveles, con la persona a quien prestas apoyo o cuidados y que implica no solo a los profesionales de la atención socio sanitaria, sino a las instituciones en su conjunto” pues, aclara, “necesitamos considerar la visón individual de cada persona, sus valores, su historia, sus decisiones sobre cómo quiere vivir su vida”.

Esto implica que profesionales e instituciones que atienden a las personas mayores potencien en ellas su capacidad de valerse por sí mismas y de tomar decisiones, es decir, su independencia y su autonomía, su necesidad de mantener tanto como sea posible el control de su vida, “lo que sabemos mejora su bienestar subjetivo, su autoestima y su calidad de vida”.

En ese sentido, asegura la gerontóloga, el modelo tradicional, “prioriza la calidad asistencial, en función del control y de la seguridad, homogeneizando el trato y la oferta de actividades y de oportunidades para las personas, diseñando siempre desde el punto de vista del profesional y de la organización”. En ese sentido, subraya, “el modelo tradicional no tiene en cuenta la opinión de la persona ni la considera importante”. “Pero ahora sabemos”, añade, que “es necesario evolucionar hacia una manera de trabajar donde se dé voz a la persona para escucharla y, junto con nuestra opinión profesional, llegar a un consenso con ella”.

Esencia de la AICP

Como puntualiza Bermejo, aunque muchos profesionales e instituciones “ya poníamos en práctica algunos de estos aspectos, era mas como iniciativa personal, siempre que nos era posible, lo hacíamos, como un plus de calidad en la atención” aunque esto no era “ni lo habitual ni lo oficial” se hacía “por nuestra cuenta, no como lo que la entidad nos requería y buscaba” y, sin embargo, ahora esta manera diferente de trabajar, de concebir la atención “es el foco esencial de la AICP” lo que la diferencia claramente con el modelo tradicional, sobre todo, por que “convierte lo que antes era casi accesorio e informal en nuestra meta y razón de ser profesional”.

De esta forma, existen multitud de profesionales y entidades que están acometiendo el cambio hacia la AICP. Incluso “con muy buena voluntad” advierte, pero en muchas ocasiones sin los conocimientos teóricos ni metodológicos que les permitan lograr los mejores resultados … y, como señala, “hemos de pensar que en este sector de la atención a las personas que debe buscar optimizar los recursos humanos para que podamos emplearnos en lograr que las personas no sólo estén bien atendidas, sino que estén lo más felices posible”.

Modelo de futuro

Bermejo no alberga ninguna duda sobre la prevalencia de la AICP: “es el modelo del futuro, aún en proceso de implantación en España, pero con un recorrido y trayectoria en otros países, ya de varias décadas”. La idea de dar respuesta a cada persona en los servicios es una idea que va avanzando en todos los sistemas, el sanitario -con la atención centrada en el paciente- y el educativo -que contempla cada vez más la diversidad y las características y necesidades de cada alumno- todo ello en coherencia a un desarrollo social y cultural que busca que cada persona logre su máximo desarrollo y en un marco de convivencia basado en los derechos ciudadanos para todas las personas.

Este modelo, dice, “no es algo que copiemos de otros países sino un modo de mirar y dar soluciones desde nuestra cultura y sociedad, en constante evolución y mejora”, pues, asegura, “no es un sistema cerrado, se enriquece y avanza con el debate, las propuestas en común, el análisis constante de los agentes implicados”.

Otra garantía de que la AICP será el modelo que se implemente a nivel general es que respeta los derechos de las personas: “los derechos son para todos y para toda la vida. Nadie debe perderlos cuando accede a la prestación de un servicio. La sociedad tendría que seguir garantizándoselos”. Si una persona tiene derecho a decidir, por ejemplo, tiene que seguir teniendo este derecho a la hora de recibir apoyos para su vida diaria. No hacerlo sería una discriminación por razones de edad o de situación física.

Es el modelo que va a ir avanzando y adaptándose en todas partes, prosigue, “por que la sociedad no va a retroceder en derechos y la AICP se está convirtiendo en un modelo que garantiza que los ciudadanos puedan seguir disfrutando de ellos a medida que envejecen o llegan a una situación de fragilidad”. Otra cosa es “cómo avanzar en su aplicación, como actualizarla o implementarla, pero este modelo está aquí para quedarse, no hay vuelta atrás. Es un camino sin retorno, en positivo” insiste.

No en vano, concluye, “en la práctica la AICP es sólo un término. Lo importante es su esencia: los valores y filosofía que implica. Se trata en realidad de un modelo de respeto a la persona y de favorecer su calidad de vida y bienestar integral”.

 

 

 

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Curso de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP): nueva vejez, nuevo modelo de atención

(Víctor Sariego, 29/3/2017).-  El próximo 28 y 29 de abril en Santiago de Compostela, la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) imparte el Curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la Implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP) desde el Modelo Tradicional.

Cuenta con la solicitud de acreditación de la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia, la Colaboración de la Universidade de Santiago de Compostela y la Universidade de Vigo, de la Comisión Permanente de Avaliación Académica da SGXX y del Colexio Oficial de Médicos de Santiago de Compostela.

Un curso imprescindible para estudiantes y profesionales del ámbito socio sanitario que imparte Lourdes Bermejo, licenciada en Ciencias de la Educación, diplomada en Gerontología Social, experta en Intervención Social Integral y educadora social habilitada. El curso está dirigido por Carlos Dosil, doctor en psicología y vocal de psicogerontología de la SGXX y en él participan diferentes expertos de la entidad.

Su metodología es variada y participativa, con exposiciones teórico prácticas, reflexiones, debates y trabajo individual y en grupos, con un aprendizaje significativo y aplicable a la realidad de los participantes.

(Puedes inscribirte aquí directamente haciendo clic)

El modelo de AICP

El actual envejecimiento, inédito hasta ahora en la historia de la humanidad, es uno de los grandes logros de la sociedad del bienestar, si bien supone un nuevo gran reto que, a su vez, necesita de nuevas herramientas para que su atención sea positiva para la sociedad en su totalidad.

Un fenómeno constante en la trayectoria de la SGXX que destaca que en España residen 8.701.380 personas mayores de 65 años, el 18,7 por ciento de la población o que la tasa de crecimiento anual de este colectivo social crecerá en torno al 2 por ciento hasta 2050 en el residirán más de 15 millones de mayores en el país, el 32 por ciento de toda la ciudadanía.

Nueva situación que requiere a su vez un nuevo enfoque de análisis, entre ellos sobre el modelo de atención que rige en residencias y viviendas institucionales públicas y privadas.

En ese sentido el modelo de atención vigente en el sector hasta ahora -sistema centrado en el servicio- se ha demostrado incapaz ante los nuevos cambios y realidades del envejecimiento y vida de las personas mayores. Especialmente aquellas con deterioro cognitivo o dependencia leve y trastornos neurodegenerativos.

Así cada vez es mayor el número de profesionales del sector que recurren al modelo AICP con el objetivo de convertir a usuarios y usuarias en el centro de la atención profesional, transformando las residencias en hogares para las personas mayores, logrando que la atención profesional no se realice a “pacientes o dependientes” sino a “personas” a las que se apoya en su autonomía, en el control de su propia vida, en el bienestar subjetivo, la capacidad de decidir e incluso la dignidad personal hasta los últimos momentos de vida.

La principal novedad de la AICP es que se centra en los gustos y preferencias de las personas, frente a los sistemas tradicionales de trabajo, más vinculados en la organización o en la entidad. O que normalmente la persona usuaria de un servicio tradicional se adapta a las condiciones, actividades y forma de trabajar de la entidad que se lo presta, en contraposición a la ACP donde se trabaja de forma mas personalizada, más flexible procurando que la gente se sienta mas cómoda y a gusto conociendo y teniendo en cuenta lo que ha sido su Historia de Vida, adaptándose en lo posible a su vida de su hogar.

En relación a los equipos profesionales que lo adoptan significa un gran cambio, especialmente en lo que concierne al personal de atención directa o gerocultura: además de las funciones clásicas de ayuda o acompañamiento en la vida diaria, pasan a tener un papel mucho más importante como profesionales de referencia de las personas usuarias, pues se implican en el bienestar psicológico, emocional y social de estas, como un miembro mas del equipo interdisciplinar del servicio.

Paralelamente éste no es un sistema más caro, no tiene por qué serlo. Lo consigue variando la organización y procurando la humanización y ambiente agradable en los espacios.

En España y Galicia su implantación tiene cierto retraso respecto a otros países, aunque ya existen centros privados y públicos que comienzan a trabajar en esta línea o cuyos proyectos de AICP se encuentran en distintos momentos de su recorrido dado que, si una institución utiliza el modelo residencial tradicional, necesita tiempo y formación para ir realizando cambios.

Beneficios personales, familiares y profesionales

Entre los beneficios que este nuevo modelo puede aportar a las personas mayores destaca una mejora de la calidad de vida de la persona usuaria que pasa a disponer de un gran bienestar subjetivo y mejor estado de ánimo, autonomía y dependencia y también un mayor sentimiento de satisfacción con la atención recibida, una mayor implicación en su plan de atención.

Las familias facilitan y animan con la presencia y colaboración en muchos de los cuidados, aumentan su confianza hacia el lugar en el que viven y sus profesionales y mejoran la relación tanto con la persona mayor como con la institución donde vive y se previenen dificultades. A eso se suma un mayor sentimiento de satisfacción con la atención que su familiar mayor recibe.

A los profesionales les aporta dignidad y cualificación en su trabajo asistencial y mayor motivación, ilusión y autoestima, favoreciendo los procesos de mejora e innovación, visibilizando, reforzando y poniendo en valor las actitudes profesionales positivas e incluso las buenas prácticas y el buen trato.

Se comparten logros, responsabilidad y alternativas para subsanar errores o fallos que pasan a ser exclusivos de ellos y genera la creación de espacios donde cooperar y comunicarse con usuarios y usuarias, con las familias y otros profesionales.

Por último con este modelo de ACP en la organización que la adopta se mejora en general la atención a la persona usuaria, el ambiente laboral, la toma de decisiones colectivas, el burn out o síndrome de quemado y el absentismo profesional.

Promueve instituciones más cordiales y receptivas a los cambios, la participación, la labor en equipo y el intercambio. Minimiza los problemas con las personas mayores y sus familias y ofrece un modelo referente de atención que evita las prácticas inadecuadas en las que, además se previene el maltrato y se facilita la coordinación con los recursos comunitarios.

 

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La SGXX colabora activamente en la instauración de la Atención Centrada en la Persona

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La vocal de la SGXX y trabajadora social, Trinidad Viña en su ponencia

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El curso tuvo un gran éxito de convocatoria cubriendo todas las plazas, que tuvieron que ser ampliadas, al poco de ser convocadas

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Trinidad Viña protagonizó dos ponencias sobre actuaciones de riesgo en la atención de las personas mayores y la Atención Centrada en la Persona

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El curso sirvió también para debatir diversos temas de actualidad en el ámbito del trabajo social y la gerontología

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Santiago de Compostela, 27/11/2016).- El envejecimiento actual, fenómeno con particularidades nunca antes vistas en la historia de la humanidad, no es malo en sí mismo, todo el mundo quiere vivir más y mejor. Pero sí supone un gran reto que precisa a su vez de nuevas herramientas para atenderlo con éxito y de forma beneficiosa para toda la sociedad.

Así lo promulgan desde hace tiempo entidades como la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) que recuerda que en España residen 8.701.380 personas mayores de 65 años, el 18,7 por ciento de la población. En Galicia, 661.296 de un total de 2.720.668 habitantes, es decir, su 24,3 por ciento, el índice más alto de todo el Estado.

Y la tasa de crecimiento anual de este grupo poblacional crece en un 2 por ciento hasta 2050 en el que habrá más de 15 millones de mayores en el país, el 32 por ciento de la población.

Esta nueva situación requiere pues un nuevo enfoque en todos los ámbitos relacionados con las personas mayores. Uno de ellos es el modelo de atención que rige en residencias y viviendas institucionales públicas y privadas.

En la segunda jornada del Curso de Traballo Social e Xerontoloxía Sociosanitaria. que la entidad celebró junto con el Colexio de Traballo Social de Galicia (COTSG) el pasado 26 de noviembre en Santiago de Compostela, la trabajadora social y vocal de la SGXX, Trinidad Viña, dejó claro que el modelo de atención en este ámbito vigente hasta ahora -modelo centrado en el servicio- se ha demostrado incapaz ante los nuevos cambios y realidades del envejecimiento y las personas mayores. Especialmente aquellas con deterioro cognitivo o dependencia leve y trastornos neurodegenerativos.

Por eso cada vez son más los profesionales del sector que proponen y dirigen la puesta en marcha en muchos casos del modelo de Atención Integral Centrado en la Persona o ACP en el que “usuarios y usuarias son el centro de la atención profesional con cambios diferenciados que transforman las residencias en hogares de verdad para las personas mayores” conseguiendo que la atención profesional no se realice a “pacientes o dependientes” sino a “personas” que apoyan en su autonomía, control de su propia vida, el “bienestar subjetivo, la capacidad de decidir y la dignidad personal” hasta el momento final.

Un enfoque que, matiza Viña “pone el acento en los gustos, preferencias y fortalezas de las personas, en contraposición con los tradicionales sistemas de trabajo mas centrados en la organización o en la entidad”. Una de sus principales novedades radica en que “normalmente la persona usuaria de un servicio tradicional se adapta a las condiciones, actividades y forma de trabajar de la entidad que se lo presta” frente a la ACP donde “se trabaja de forma mas personalizada, más flexible procurando que la gente se sienta mas cómoda y a gusto conociendo y teniendo en cuenta lo que ha sido su Historia de Vida, adaptándose en lo posible a su vida estando en su casa”.

En cuanto a los profesionales que lo aplican, comenta esta experta, “significa un cambio importante sobre todo en lo que concierne al personal de atención directa o gerocultura” pues, indica, además de las funciones clásicas de ayuda o acompañamiento en la vida diaria pasan a tener un papel “mucho más importante” como profesionales de referencia de los usuarios, “implicandose en su bienestar psicológico, emocional y social, como un miembro mas del equipo interdisciplinar del servicio”. De hecho, subraya, “se debe contar con ellos para el cambio y por supuesto recibir la formación adecuada”.

Aunque esto no es muy posible en España ni en Galicia donde la ACP está menos instaurado que en otros países europeos o norteamericanos. Además no es del todo conocida ni siquiera en sus beneficios personales, profesionales, institucionales y económicos. Porque, recuerda Viña, “no es un sistema más caro, no tiene porqué, se trata de variar la organización y procurar también una humanización y ambiente agradable en los espacios”. En cada caso, señala, “se busca la mejor manera de aplicarlo, los efectos en las personas se valoran en un corto espacio de tiempo y suelen ser positivos, mas que en otra anterior línea de trabajo”.

En nuestro país, indica “ya existen centros que estudian y adoptan la ACP cada vez más profesionalizado por las influencias de EEUU o países nórdicos” si bien ya hay entidades que en España impulsan su difusión y material formativo. Actualmente la Junta de Castilla y León lo está implantando en sus centros públicos, y otros centros privados en distintos puntos de la geografía española están sumándose a esta iniciativa, su estudio, investigación y puesta en marcha como la Fundación Pilares para la Autonomía Personal y la Fundación Matia.

La vocal de la SGXX reconoce que “en Galicia, como en muchos otros ámbitos del sector, vamos con un poco de retraso, pero ya hay algunos centros privados , y también del Consorcio Galego de Benestar, que comienzan a trabajar en esta línea, e incluso se encuentran en distintos momentos de su recorrido” pues, aclara, “si una institución empezó de otra manera, necesita tiempo y formación para ir realizando cambios” y los ya asumidos, asegura “deben ir adaptándose en función de sus recursos, como la filosofía de la dirección, cambios en los entornos, formación de profesionales, etc.” o “crear herramientas y espacios donde la persona mayor o sus familias si ellos no pueden participen en las decisiones del día a día que les conciernen”.

Beneficios para mayores, familias, profesionales e instituciones 

Entre los beneficios que este nuevo modelo puede aportar a las personas mayores, Trinidad Viña, coincide con otros autores y organizaciones en que “mejora su calidad de vida al disponer de un gran bienestar subjetivo y mejor estado de ánimo, autonomía y dependencia” y también “un mayor sentimiento de satisfacción con la atención recibida, una mayor implicación en su plan de atención”. Las familias, continúa, “facilitan y animan con la presencia y colaboración en muchos de los cuidados, aumentan su confianza hacia el lugar en el que viven y sus profesionales y mejoran la relación tanto con la persona mayor como con la institución donde vive y se previenen dificultades”. A eso suma que “se sienten más satisfechas con la atención que su familiar mayor recibe”.

A los profesionales les aporta “dignidad y cualificación de su trabajo asistencial”. Genera en los equipos de atención motivación, ilusión y mayor autoestima profesional, favorece los procesos de mejora e innovación, visibiliza, refuerza y ponen en valor actitudes profesionales positivas e incluso las buenas prácticas y buen trato. Se comparten logros, responsabilidad y alternativas para subsanar errores o fallos que pasan a ser exclusivos de ellos y genera la creación de espacios donde cooperar y comunicarse con usuarios y usuarias, con las familias y otros profesionales.

Por último con este modelo de ACP en la organización que la adopta se mejora en general la atención a la persona usuaria, el ambiente laboral, la toma de decisiones colectivas, el burn out o síndrome de quemado y el absentismo profesional.

Promueve instituciones más cordiales y receptivas a los cambios, la participación, la labor en equipo y el intercambio. Minimiza los problemas con las personas mayores y sus familias y ofrece un modelo referente de atención que evita las prácticas inadecuadas en las que, además se previene el maltrato y se facilita la coordinación con los recursos comunitarios.

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Convertir la autonomía personal en derecho

 

La presidenta de Fundación Pilares explicando el modelo de AICP

 

 

 

 

La presidenta de la Fundación Pilares, Pilar Rodríguez

La ponencia de Pilar Rodríguez causó gran expectación

Gran éxito de asistencia al XXVIII Congreso de la SGXX: cerca de 350 inscritos

La presidenta de la Fundación Pilares, Pilar Rodríguez Rodríguez presentó en Lugo, en el XXVIII Congreso Internacional de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) del 22 y 23 de abril, el nuevo modelo de Atención Integral Centrado en la Persona (AICP) que lleva introduciendo desde hace unos años en diversos centros de personas mayores.

Según explica esta experta, los modelos de AICP -ya implantados con gran éxito y desde hace años en países del norte de Europa o Estados Unidos, por ejemplo- promueven “las condiciones necesarias para la mejora de la calidad de vida y el bienestar de la persona, partiendo del respeto pleno a su dignidad y derechos, de sus intereses y preferencias y contando con su participación efectiva”. Y es que, añade, las transformaciones sociales de los últimos años como el progresivo envejecimiento de la población, el cambio de rol de las mujeres o el modelo de familias, fundamentalmente, “han modificado radicalmente la sociedad y las necesidades de las personas”.

Si a ello le unimos el avance en derechos sociales, que otorgan a la ciudadanía poder para tomar sus propias decisiones -principio de autonomía- esto nos obliga, afirma Rodríguez, “a redefinir nuestras políticas actuales, en especial las que se dirigen a las personas mayores y a quienes se encuentran en situación de dependencia”.

En este sentido, la comunidad científica y los Organismos Internacionales vienen insistiendo realizar cambios que garanticen una atención de calidad, que esté centrada en las personas, y que, al tiempo, se vele por la eficacia y sostenibilidad de los sistemas de protección social.

Uno de ellos es la implantación a nivel general del modelo de la AICP cuyos principios “parten de que todas las personas somos iguales en dignidad y derechos” indica la presidenta de la Fundación Pilares, “pero cada una es única y diferente del resto, por lo que desde los sistemas de protección social estamos obligados a personalizar la atención para que, además de ofrecer cuidados a quienes los necesitan, se promueva que cada persona pueda mantener su propio estilo de vida y siga controlándola con los apoyos que precise”. Para que pueda alcanzarse este objetivo se requiere realizar cambios, tanto en las intervenciones profesionales, como en el diseño y organización de los servicios.

Así, la AICP centra sobre todo en la integralidad de la atención y en la atención centrada en la persona. Integralidad como necesidad de avanzar en los cambios necesarios para alcanzar la integración y coordinación de servicios y la atención centrada en la persona que exige mejorar la ayuda que reciben las personas mayores, para que esta se reciba sin menoscabo de su autonomía, derechos y dignidad.

Pensemos, por ejemplo, en una residencia tradicional, subraya Rodríguez: “lo normal es que toda la organización del centro se realice pensando en las necesidades del propio servicio y del personal. De esta manera, el trato a las personas suele ser uniforme y no se tiene en cuenta la historia y estilo de vida anterior de cada una, ni sus gustos y preferencias”. Esto, señala, “explica la mala imagen que hay de las residencias y por eso es tan importante cambiar el modelo”.

Vivienda propia o institucional

Un cambio que no se limita a las viviendas institucionales como centros de personas mayores, sino que debe aplicarse también a la atención a las personas que necesitan cuidados de larga duración y viven en su domicilio, que son la mayoría. En general, éstas son cuidadas por sus familias, pero, como subraya Rodríguez, “sabemos que afrontar estos cuidados en solitario suele originar efectos adversos en la vida económica y laboral de los cuidadores y cuidadoras, restringe sus posibilidades relacionales y de ocio y puede ser causa de enfermedades, en especial, depresión”. “Hay que cuidar como un tesoro, que lo es, esos cuidados generosos que realizan las familias a sus seres queridos” prosigue, “y una forma de hacerlo es ofrecerles formación adecuada para lograr una buena relación de ayuda que sea buena para la persona y buena también para el cuidador o cuidadora”. Además, darles asesoramiento profesional a las familias desde el inicio de la discapacidad o dependencia y servicios formales para complementar los cuidados familiares.

Pero no hay que olvidar, apunta, que, sobre todo, lo que ayuda a las familias y a las personas que precisan cuidados de larga duración es “contar con unos buenos servicios de atención domiciliaria, centros de día, teleasistencia y productos de apoyo, que se complementen con la atención familiar”.

Por otra parte y según plantea desde la Fundación Pilares, la AICP requiere que la práctica profesional se desarrolle a través de una óptima relación de ayuda, del modo como es concebida por la Psicología Humanista que se construye desde una posición terapéutica cercana, no directiva, capaz de activar los recursos latentes que todos poseemos y que deben descubrirse con el conocimiento de la historia de vida personal y de sus deseos acerca de cómo quiere continuar desarrollando su vida.

Para ello, “con la intervención profesional debe favorecerse que la persona pueda, con los apoyos precisos, seguir desarrollando las actividades de la vida diaria y aquéllas que tengan que ver con sus gustos y aficiones y que pueda continuar tomando decisiones y haciendo elecciones para seguir controlando su propia vida”.

Las necesidades de formación en este sentido, concluye Rodríguez, tienen que ver con el refuerzo y el aprendizaje de una relación de ayuda que se construya desde el respeto de los derechos y la dignidad de cada persona y la práctica de la escucha activa, la empatía y la autenticidad. Saber hacer historias de vida y construir planes personalizados que apoyen los proyectos de vida de cada persona no es algo que pueda improvisarse. Eso requiere formación. Y también es necesario formarse para diseñar unos servicios coordinados, que den una atención integral a la persona en situación de dependencia y a sus familias cuidadoras.

 

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