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El modelo de atención que da voz a las personas mayores

La gerontóloga social y experta en Intervención Social Integral, Lourdes Bermejo impartió el curso de AICP de la SGXX

El curso de AICP de la SGXX tuvo un gran éxito de convocatoria superando las plazas previstas que dan lugar a celebrar una segunda convocatoria

 

 

 

 

 

 

(Víctor Sariego, 4/5/2017).- Las personas mayores saben perfectamente lo que les conviene, lo que desean y lo que más les satisface para vivir su vida plenamente. Este debería ser el criterio principal de la atención que reciben en residencias, centros de día e instituciones asistenciales. Y si tienen demencia o deterioro cognitivo, el de sus familiares o amigos más allegados que conozcan bien sus profundas inquietudes y anhelos.

“Esta es la esencia de la Atención Integral Centrada en la Persona o AICP” explica la gerontóloga social y experta en Intervención Social Integral, Lourdes Bermejo que matiza que este nuevo modelo asistencial, “establece los vínculos necesarios para que cada persona mayor pueda cumplir con esa vida que desea vivir, de la forma más parecida a como ha sido hasta ahora”. Es lo que define como “normalizar la vejez”. 

Un tipo de atención que busca satisfacer todas las necesidades vitales y mejorar la calidad de vida de las personas mayores con demencia o dependencia a las que atiende, contando en todo momento con su participación plena, sus valores y su visión de cómo debe ser su vida.

Bermejo impartió precisamente un curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona los pasados 28 y 29 de mayo en el Colegio de Médicos de Santiago de Compostela. Organizado por la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) para profesionales sociosanitarios.

Ell curso ha tenido un gran éxito y acogida al completarse las 46 plazas que ofertaba y quedar en reserva otras tantas con las que la entidad quiere celebrar una segunda edición.

Según esta experta, la AICP “contribuye a mejorar el sector, no sólo por optimizar la calidad asistencial, sino también porque logra que las personas mayores sean tenidas más en cuenta por la labor profesional”.

Y es que, una de las principales aspiraciones del nuevo modelo es ir modificando la manera de trabajar y relacionarse con las personas usuarias para conseguir que estén bien atendidas y a la vez que éstas puedan seguir siendo personas adultas, valiosas y reconocidas, conscientes de que disponen de una mayor calidad de vida en esta etapa vital, aún a pesar del estado de salud o la necesidad de atención.

Para implantar la AICP, matiza, lo ideal es que las residencias e instituciones, sus espacios y las relaciones que se generan entre profesionales y personas, “sean más agradables y amables para las personas en situación de fragilidad, dependencia o discapacidad”. Configurar un entorno “lo más parecido a lo que era su hogar y que el trato recibido sea más personalizado e individual, no como paciente o dependiente”.

Según comenta Bermejo, la AICP es todo esto y mucho más: es también “una forma de relacionarse, a todos los niveles, con la persona a quien prestas apoyo o cuidados y que implica no solo a los profesionales de la atención socio sanitaria, sino a las instituciones en su conjunto” pues, aclara, “necesitamos considerar la visón individual de cada persona, sus valores, su historia, sus decisiones sobre cómo quiere vivir su vida”.

Esto implica que profesionales e instituciones que atienden a las personas mayores potencien en ellas su capacidad de valerse por sí mismas y de tomar decisiones, es decir, su independencia y su autonomía, su necesidad de mantener tanto como sea posible el control de su vida, “lo que sabemos mejora su bienestar subjetivo, su autoestima y su calidad de vida”.

En ese sentido, asegura la gerontóloga, el modelo tradicional, “prioriza la calidad asistencial, en función del control y de la seguridad, homogeneizando el trato y la oferta de actividades y de oportunidades para las personas, diseñando siempre desde el punto de vista del profesional y de la organización”. En ese sentido, subraya, “el modelo tradicional no tiene en cuenta la opinión de la persona ni la considera importante”. “Pero ahora sabemos”, añade, que “es necesario evolucionar hacia una manera de trabajar donde se dé voz a la persona para escucharla y, junto con nuestra opinión profesional, llegar a un consenso con ella”.

Esencia de la AICP

Como puntualiza Bermejo, aunque muchos profesionales e instituciones “ya poníamos en práctica algunos de estos aspectos, era mas como iniciativa personal, siempre que nos era posible, lo hacíamos, como un plus de calidad en la atención” aunque esto no era “ni lo habitual ni lo oficial” se hacía “por nuestra cuenta, no como lo que la entidad nos requería y buscaba” y, sin embargo, ahora esta manera diferente de trabajar, de concebir la atención “es el foco esencial de la AICP” lo que la diferencia claramente con el modelo tradicional, sobre todo, por que “convierte lo que antes era casi accesorio e informal en nuestra meta y razón de ser profesional”.

De esta forma, existen multitud de profesionales y entidades que están acometiendo el cambio hacia la AICP. Incluso “con muy buena voluntad” advierte, pero en muchas ocasiones sin los conocimientos teóricos ni metodológicos que les permitan lograr los mejores resultados … y, como señala, “hemos de pensar que en este sector de la atención a las personas que debe buscar optimizar los recursos humanos para que podamos emplearnos en lograr que las personas no sólo estén bien atendidas, sino que estén lo más felices posible”.

Modelo de futuro

Bermejo no alberga ninguna duda sobre la prevalencia de la AICP: “es el modelo del futuro, aún en proceso de implantación en España, pero con un recorrido y trayectoria en otros países, ya de varias décadas”. La idea de dar respuesta a cada persona en los servicios es una idea que va avanzando en todos los sistemas, el sanitario -con la atención centrada en el paciente- y el educativo -que contempla cada vez más la diversidad y las características y necesidades de cada alumno- todo ello en coherencia a un desarrollo social y cultural que busca que cada persona logre su máximo desarrollo y en un marco de convivencia basado en los derechos ciudadanos para todas las personas.

Este modelo, dice, “no es algo que copiemos de otros países sino un modo de mirar y dar soluciones desde nuestra cultura y sociedad, en constante evolución y mejora”, pues, asegura, “no es un sistema cerrado, se enriquece y avanza con el debate, las propuestas en común, el análisis constante de los agentes implicados”.

Otra garantía de que la AICP será el modelo que se implemente a nivel general es que respeta los derechos de las personas: “los derechos son para todos y para toda la vida. Nadie debe perderlos cuando accede a la prestación de un servicio. La sociedad tendría que seguir garantizándoselos”. Si una persona tiene derecho a decidir, por ejemplo, tiene que seguir teniendo este derecho a la hora de recibir apoyos para su vida diaria. No hacerlo sería una discriminación por razones de edad o de situación física.

Es el modelo que va a ir avanzando y adaptándose en todas partes, prosigue, “por que la sociedad no va a retroceder en derechos y la AICP se está convirtiendo en un modelo que garantiza que los ciudadanos puedan seguir disfrutando de ellos a medida que envejecen o llegan a una situación de fragilidad”. Otra cosa es “cómo avanzar en su aplicación, como actualizarla o implementarla, pero este modelo está aquí para quedarse, no hay vuelta atrás. Es un camino sin retorno, en positivo” insiste.

No en vano, concluye, “en la práctica la AICP es sólo un término. Lo importante es su esencia: los valores y filosofía que implica. Se trata en realidad de un modelo de respeto a la persona y de favorecer su calidad de vida y bienestar integral”.

 

 

 

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Curso de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP): nueva vejez, nuevo modelo de atención

(Víctor Sariego, 29/3/2017).-  El próximo 28 y 29 de abril en Santiago de Compostela, la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) imparte el Curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la Implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP) desde el Modelo Tradicional.

Cuenta con la solicitud de acreditación de la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia, la Colaboración de la Universidade de Santiago de Compostela y la Universidade de Vigo, de la Comisión Permanente de Avaliación Académica da SGXX y del Colexio Oficial de Médicos de Santiago de Compostela.

Un curso imprescindible para estudiantes y profesionales del ámbito socio sanitario que imparte Lourdes Bermejo, licenciada en Ciencias de la Educación, diplomada en Gerontología Social, experta en Intervención Social Integral y educadora social habilitada. El curso está dirigido por Carlos Dosil, doctor en psicología y vocal de psicogerontología de la SGXX y en él participan diferentes expertos de la entidad.

Su metodología es variada y participativa, con exposiciones teórico prácticas, reflexiones, debates y trabajo individual y en grupos, con un aprendizaje significativo y aplicable a la realidad de los participantes.

(Puedes inscribirte aquí directamente haciendo clic)

El modelo de AICP

El actual envejecimiento, inédito hasta ahora en la historia de la humanidad, es uno de los grandes logros de la sociedad del bienestar, si bien supone un nuevo gran reto que, a su vez, necesita de nuevas herramientas para que su atención sea positiva para la sociedad en su totalidad.

Un fenómeno constante en la trayectoria de la SGXX que destaca que en España residen 8.701.380 personas mayores de 65 años, el 18,7 por ciento de la población o que la tasa de crecimiento anual de este colectivo social crecerá en torno al 2 por ciento hasta 2050 en el residirán más de 15 millones de mayores en el país, el 32 por ciento de toda la ciudadanía.

Nueva situación que requiere a su vez un nuevo enfoque de análisis, entre ellos sobre el modelo de atención que rige en residencias y viviendas institucionales públicas y privadas.

En ese sentido el modelo de atención vigente en el sector hasta ahora -sistema centrado en el servicio- se ha demostrado incapaz ante los nuevos cambios y realidades del envejecimiento y vida de las personas mayores. Especialmente aquellas con deterioro cognitivo o dependencia leve y trastornos neurodegenerativos.

Así cada vez es mayor el número de profesionales del sector que recurren al modelo AICP con el objetivo de convertir a usuarios y usuarias en el centro de la atención profesional, transformando las residencias en hogares para las personas mayores, logrando que la atención profesional no se realice a “pacientes o dependientes” sino a “personas” a las que se apoya en su autonomía, en el control de su propia vida, en el bienestar subjetivo, la capacidad de decidir e incluso la dignidad personal hasta los últimos momentos de vida.

La principal novedad de la AICP es que se centra en los gustos y preferencias de las personas, frente a los sistemas tradicionales de trabajo, más vinculados en la organización o en la entidad. O que normalmente la persona usuaria de un servicio tradicional se adapta a las condiciones, actividades y forma de trabajar de la entidad que se lo presta, en contraposición a la ACP donde se trabaja de forma mas personalizada, más flexible procurando que la gente se sienta mas cómoda y a gusto conociendo y teniendo en cuenta lo que ha sido su Historia de Vida, adaptándose en lo posible a su vida de su hogar.

En relación a los equipos profesionales que lo adoptan significa un gran cambio, especialmente en lo que concierne al personal de atención directa o gerocultura: además de las funciones clásicas de ayuda o acompañamiento en la vida diaria, pasan a tener un papel mucho más importante como profesionales de referencia de las personas usuarias, pues se implican en el bienestar psicológico, emocional y social de estas, como un miembro mas del equipo interdisciplinar del servicio.

Paralelamente éste no es un sistema más caro, no tiene por qué serlo. Lo consigue variando la organización y procurando la humanización y ambiente agradable en los espacios.

En España y Galicia su implantación tiene cierto retraso respecto a otros países, aunque ya existen centros privados y públicos que comienzan a trabajar en esta línea o cuyos proyectos de AICP se encuentran en distintos momentos de su recorrido dado que, si una institución utiliza el modelo residencial tradicional, necesita tiempo y formación para ir realizando cambios.

Beneficios personales, familiares y profesionales

Entre los beneficios que este nuevo modelo puede aportar a las personas mayores destaca una mejora de la calidad de vida de la persona usuaria que pasa a disponer de un gran bienestar subjetivo y mejor estado de ánimo, autonomía y dependencia y también un mayor sentimiento de satisfacción con la atención recibida, una mayor implicación en su plan de atención.

Las familias facilitan y animan con la presencia y colaboración en muchos de los cuidados, aumentan su confianza hacia el lugar en el que viven y sus profesionales y mejoran la relación tanto con la persona mayor como con la institución donde vive y se previenen dificultades. A eso se suma un mayor sentimiento de satisfacción con la atención que su familiar mayor recibe.

A los profesionales les aporta dignidad y cualificación en su trabajo asistencial y mayor motivación, ilusión y autoestima, favoreciendo los procesos de mejora e innovación, visibilizando, reforzando y poniendo en valor las actitudes profesionales positivas e incluso las buenas prácticas y el buen trato.

Se comparten logros, responsabilidad y alternativas para subsanar errores o fallos que pasan a ser exclusivos de ellos y genera la creación de espacios donde cooperar y comunicarse con usuarios y usuarias, con las familias y otros profesionales.

Por último con este modelo de ACP en la organización que la adopta se mejora en general la atención a la persona usuaria, el ambiente laboral, la toma de decisiones colectivas, el burn out o síndrome de quemado y el absentismo profesional.

Promueve instituciones más cordiales y receptivas a los cambios, la participación, la labor en equipo y el intercambio. Minimiza los problemas con las personas mayores y sus familias y ofrece un modelo referente de atención que evita las prácticas inadecuadas en las que, además se previene el maltrato y se facilita la coordinación con los recursos comunitarios.

 

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