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El modelo de atención que da voz a las personas mayores

La gerontóloga social y experta en Intervención Social Integral, Lourdes Bermejo impartió el curso de AICP de la SGXX

El curso de AICP de la SGXX tuvo un gran éxito de convocatoria superando las plazas previstas que dan lugar a celebrar una segunda convocatoria

 

 

 

 

 

 

(Víctor Sariego, 4/5/2017).- Las personas mayores saben perfectamente lo que les conviene, lo que desean y lo que más les satisface para vivir su vida plenamente. Este debería ser el criterio principal de la atención que reciben en residencias, centros de día e instituciones asistenciales. Y si tienen demencia o deterioro cognitivo, el de sus familiares o amigos más allegados que conozcan bien sus profundas inquietudes y anhelos.

“Esta es la esencia de la Atención Integral Centrada en la Persona o AICP” explica la gerontóloga social y experta en Intervención Social Integral, Lourdes Bermejo que matiza que este nuevo modelo asistencial, “establece los vínculos necesarios para que cada persona mayor pueda cumplir con esa vida que desea vivir, de la forma más parecida a como ha sido hasta ahora”. Es lo que define como “normalizar la vejez”. 

Un tipo de atención que busca satisfacer todas las necesidades vitales y mejorar la calidad de vida de las personas mayores con demencia o dependencia a las que atiende, contando en todo momento con su participación plena, sus valores y su visión de cómo debe ser su vida.

Bermejo impartió precisamente un curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona los pasados 28 y 29 de mayo en el Colegio de Médicos de Santiago de Compostela. Organizado por la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) para profesionales sociosanitarios.

Ell curso ha tenido un gran éxito y acogida al completarse las 46 plazas que ofertaba y quedar en reserva otras tantas con las que la entidad quiere celebrar una segunda edición.

Según esta experta, la AICP “contribuye a mejorar el sector, no sólo por optimizar la calidad asistencial, sino también porque logra que las personas mayores sean tenidas más en cuenta por la labor profesional”.

Y es que, una de las principales aspiraciones del nuevo modelo es ir modificando la manera de trabajar y relacionarse con las personas usuarias para conseguir que estén bien atendidas y a la vez que éstas puedan seguir siendo personas adultas, valiosas y reconocidas, conscientes de que disponen de una mayor calidad de vida en esta etapa vital, aún a pesar del estado de salud o la necesidad de atención.

Para implantar la AICP, matiza, lo ideal es que las residencias e instituciones, sus espacios y las relaciones que se generan entre profesionales y personas, “sean más agradables y amables para las personas en situación de fragilidad, dependencia o discapacidad”. Configurar un entorno “lo más parecido a lo que era su hogar y que el trato recibido sea más personalizado e individual, no como paciente o dependiente”.

Según comenta Bermejo, la AICP es todo esto y mucho más: es también “una forma de relacionarse, a todos los niveles, con la persona a quien prestas apoyo o cuidados y que implica no solo a los profesionales de la atención socio sanitaria, sino a las instituciones en su conjunto” pues, aclara, “necesitamos considerar la visón individual de cada persona, sus valores, su historia, sus decisiones sobre cómo quiere vivir su vida”.

Esto implica que profesionales e instituciones que atienden a las personas mayores potencien en ellas su capacidad de valerse por sí mismas y de tomar decisiones, es decir, su independencia y su autonomía, su necesidad de mantener tanto como sea posible el control de su vida, “lo que sabemos mejora su bienestar subjetivo, su autoestima y su calidad de vida”.

En ese sentido, asegura la gerontóloga, el modelo tradicional, “prioriza la calidad asistencial, en función del control y de la seguridad, homogeneizando el trato y la oferta de actividades y de oportunidades para las personas, diseñando siempre desde el punto de vista del profesional y de la organización”. En ese sentido, subraya, “el modelo tradicional no tiene en cuenta la opinión de la persona ni la considera importante”. “Pero ahora sabemos”, añade, que “es necesario evolucionar hacia una manera de trabajar donde se dé voz a la persona para escucharla y, junto con nuestra opinión profesional, llegar a un consenso con ella”.

Esencia de la AICP

Como puntualiza Bermejo, aunque muchos profesionales e instituciones “ya poníamos en práctica algunos de estos aspectos, era mas como iniciativa personal, siempre que nos era posible, lo hacíamos, como un plus de calidad en la atención” aunque esto no era “ni lo habitual ni lo oficial” se hacía “por nuestra cuenta, no como lo que la entidad nos requería y buscaba” y, sin embargo, ahora esta manera diferente de trabajar, de concebir la atención “es el foco esencial de la AICP” lo que la diferencia claramente con el modelo tradicional, sobre todo, por que “convierte lo que antes era casi accesorio e informal en nuestra meta y razón de ser profesional”.

De esta forma, existen multitud de profesionales y entidades que están acometiendo el cambio hacia la AICP. Incluso “con muy buena voluntad” advierte, pero en muchas ocasiones sin los conocimientos teóricos ni metodológicos que les permitan lograr los mejores resultados … y, como señala, “hemos de pensar que en este sector de la atención a las personas que debe buscar optimizar los recursos humanos para que podamos emplearnos en lograr que las personas no sólo estén bien atendidas, sino que estén lo más felices posible”.

Modelo de futuro

Bermejo no alberga ninguna duda sobre la prevalencia de la AICP: “es el modelo del futuro, aún en proceso de implantación en España, pero con un recorrido y trayectoria en otros países, ya de varias décadas”. La idea de dar respuesta a cada persona en los servicios es una idea que va avanzando en todos los sistemas, el sanitario -con la atención centrada en el paciente- y el educativo -que contempla cada vez más la diversidad y las características y necesidades de cada alumno- todo ello en coherencia a un desarrollo social y cultural que busca que cada persona logre su máximo desarrollo y en un marco de convivencia basado en los derechos ciudadanos para todas las personas.

Este modelo, dice, “no es algo que copiemos de otros países sino un modo de mirar y dar soluciones desde nuestra cultura y sociedad, en constante evolución y mejora”, pues, asegura, “no es un sistema cerrado, se enriquece y avanza con el debate, las propuestas en común, el análisis constante de los agentes implicados”.

Otra garantía de que la AICP será el modelo que se implemente a nivel general es que respeta los derechos de las personas: “los derechos son para todos y para toda la vida. Nadie debe perderlos cuando accede a la prestación de un servicio. La sociedad tendría que seguir garantizándoselos”. Si una persona tiene derecho a decidir, por ejemplo, tiene que seguir teniendo este derecho a la hora de recibir apoyos para su vida diaria. No hacerlo sería una discriminación por razones de edad o de situación física.

Es el modelo que va a ir avanzando y adaptándose en todas partes, prosigue, “por que la sociedad no va a retroceder en derechos y la AICP se está convirtiendo en un modelo que garantiza que los ciudadanos puedan seguir disfrutando de ellos a medida que envejecen o llegan a una situación de fragilidad”. Otra cosa es “cómo avanzar en su aplicación, como actualizarla o implementarla, pero este modelo está aquí para quedarse, no hay vuelta atrás. Es un camino sin retorno, en positivo” insiste.

No en vano, concluye, “en la práctica la AICP es sólo un término. Lo importante es su esencia: los valores y filosofía que implica. Se trata en realidad de un modelo de respeto a la persona y de favorecer su calidad de vida y bienestar integral”.

 

 

 

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¿Es la vejez una enfermedad que se puede curar?

De izquierda a derecha: el pte. de la SGXX, Miguel Ángel Vázquez, la delegada territorial de la Xunta en Vigo, Yolanda Lesmes y el pte. de CONJUPES, Vicente Sanz

Miguel Ángel Vázquez en un momento de su ponencia con el presidente de COGAMA, José Luis Piñeiro

José Luis Piñeiro y Miguel Ángel Vázquez

El congreso de CONJUPES reunió a más de 200 personas

 

(Victor Sariego, 21/4/2017).- El presidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) Miguel Ángel Vázquez Vázquez acaba de ser galardonado este viernes en Vigo con el IV Premio Nacional Conjupes por su “dedicación profesional a la geriatría y gerontología, así como su labor de mejora de calidad de vida de las personas mayores y por su colaboración y participación desinteresada con entidades del sector, como la propia CONJUPES” que le ha concedido esta distinción, por unanimidad de su Junta Directiva, con motivo de su II Congreso Nacional. Un foro de encuentro entre jubilados/as y pensionistas de toda España y debate de profesionales de reconocido prestigio en el sector de la atención a las personas mayores celebrado en Vigo durante el pasado 21 de abril.

Vázquez manifestó que “es todo un honor recibir este premio, mucho más por llegar de quien llega, CONJUPES, con quien estoy encantado de colaborar como he hecho desde hace años”. Un galardón, dijo humildemente, “que quizás no merezca, pero que agradezco y valoro de corazón”.

La delegada territorial de la Xunta de Galicia en Vigo, Yolanda Lesmes entregó este premio al presidente de la SGXX que impartió previamente una conferencia en la que expuso la teoría del gerontólogo y biólogo Aubrey de Grey de que la vejez no es una etapa vital, sino una enfermedad, que se puede tratar y curar.

La vejez como enfermedad

Vázquez comentó que existe un profundo fenómeno de revisión del concepto de envejecimiento cuya principal teoría es que, la vejez ya no depende de la genética ni del ambiente, sino de la nueva ciencia y, sobre todo y en gran parte de cada uno de nosotros: “somos responsables de nuestro propio envejecimiento”, indica, “una enfermedad, a tenor de esta nueva teoría que podemos prevenir, tratar y abordar para vivir más y mejor”.

Hasta ahora el envejecimiento “se definía como un proceso irreversible e universal, biológico, que afecta a todo el mundo y de igual manera” prosigue, “continuo, intrínseco al ser humano y heterogéneo, que depende del ambiente y del estilo de vida”. Ya que, explica, “los genes no los podemos elegir –aunque solo de momento, advierte- ni tampoco el ambiente, el entorno o el cómo vivimos, factores que, tradicionalmente eran los condicionantes del envejecimiento en todo el mundo”.

Todo esto está cambiando y en constante revisión, expone Vázquez: “el proceso de envejecimiento se encuentra en un profundo proceso de revisión como fenómeno natural” lo que supone que “la imagen de la vejez va a cambiar y los esfuerzos y recursos de todo tipo, incluso económicos y políticos se deben dedicar entonces no a evitar la muerte, sino a prevenir y tratar la enfermedad y no preocuparnos de vivir muchos años, sino vivirlos satisfactoriamente”.

Muchas teorías científicas actuales, añade, intentan explicar este cambio de paradigma porque, aseguró, “los últimos estudios demuestran que no todos envejecemos de la misma manera. Envejecer depende de nosotros y de nuestro modo de vida”. Ya en septiembre de 2.000 un estudio anunció que en breve superaremos los 140 años por definición. Y es que, insistió, “la barrera de los cien años, indudablemente va a caer en breve tiempo”.

Nueva ciencia del envejecimiento

Entre la multitud de investigaciones científicas que analizan el envejecimiento se encuentra la del límite vital de Leonard Hayflic: los límites del envejecimiento está en los genes, en los telómeros, extremos de los cromosomas relacionados con ciertas células y el ADN. Otras teorías dicen que las células sufren daño o variaciones por el ambiente, la alimentación, el modo de vida o debido a que la inmunología cambia y esto nos hace vulnerables a ciertas enfermedades, sobre todo las cardiovasculares, primera causa de muerte en todas las sociedades modernas.

Así que, si la ciencia logra intervenir en estos parámetros, conseguirá modificar el envejecimiento. No sólo prolongando la vida, sino otorgándole más calidad.

¿Qué más factores tiene en cuenta la ciencia moderna para ello?: “Antes se representaba a la gente rica y privilegiada con puros y gordura. Hoy es al revés” subraya Vázquez, “la gente con buenos hábitos de vida vive más y mejor”. Aunque no hay grandes claves para envejecer bien según los modelos tradicionales, sí que existe consenso en que la alimentación sana, la actividad física, o las relaciones sociales, poseer razones para vivir y las ganas de vivir “ayudan a envejecer bien. Tener ganas de vivir y estar satisfecho con cómo se vive, la felicidad alargan la vida, señala, el voluntariado entre las personas mayores, por ejemplo está demostrado que alarga la vida una media de siete años y media para quien lo ejerce”.

Pero, más allá de esto, ¿qué es lo que se encuentra demostrado que prolonga la vida? se pregunta este experto?: la restricción calórica, “pasar un poco de hambre, tomado esto con muchos matices” dice. Algo que ya demostró en 1935 el científico Clive McCay. De hecho varios laboratorios y farmacéuticos trabajan en la búsqueda de mecanismos moleculares que funcionen de forma similar a lo que ocurre cuando pasamos hambre. “Así viviríamos un 30 por ciento más”.

Medicina genómica

También hay genes de ciertos animales, que ya están identificados, hasta siete, que tienen que ver con el envejecimiento. Los animales que no los tienen, viven menos. En ese sentido, multitud de empresas de todo el mundo experimentan en la actualidad con la implantación de dichos genes en otros animales con la intención de hacerlo con los seres humanos en un futuro.

Esto es la medicina genómica que está revisando pues todos los criterios que definían hasta ahora el envejecimiento que “ya no es universal” señala Vázquez, “no se envejece de la misma forma en todos los países”. “Tampoco es un fenómeno irreversible: las capacidades respiratorias y otras funciones biológicas, por ejemplo, se pueden recuperar, lo mismo que ocurre con otras enfermedades, si bien los fármacos que se investigan, aún no están diseñados al completo”.

Según esta nueva teoría el envejecimiento tampoco es intrínseco al ser humano: “si hay seres que llegan a los 400 años, como la ostra, la almeja o la tortuga, por qué no los humanos”. Ni heterogéneo: “trabajar con el cerebro se pueden conseguir y recuperar capacidades cognitivas propias de los treinta años” afirma el geriatra, lo que permite a esta teoría establecer que el deterioro cognitivo y las demencias son resultado del estilo de vida y no de la vejez.

“Por eso no podemos atribuir todo a la vejez” dijo el geriatra gallego, “no podemos creer todo lo que se le atribuye”. La cuestión añadida que se plantea, estima, “es saber si se puede alargar la vida y su calidad y prolongar los años de vida. Con el conocimiento genético que existe ahora, esta nueva teoría se plantea seriamente casi hasta la inmortalidad” avanza.

Cambios necesarios en la vejez

En ese sentido el presidente de la SGXX mencionó los estudios e investigaciones publicadas en la revista científica Nature donde se anuncia esta proximidad a la inmortalidad y la labor de Google, en concreto con la empresa Alfaret en su centro de investigación de Silicon Valley donde, con un presupuesto de millones de dólares, se ha probado recientemente un primer fármaco que reduce el envejecimiento y hace reversible la degeneración celular.

Lo que sí tiene que transformarse profundamente, concluyó Vázquez, es la imagen y el modelo que se tiene de la vejez y del envejecimiento: “aún persiste en nuestra sociedad una imagen negativa e irrespetuosa con todo lo que tiene que ver con la vejez”. Estereotipos y prejuicios sutiles, pero muy poderosos, establecidos y enraizados en nuestra sociedad del tipo de expresiones “que joven te veo” como si ser viejo, se lamenta, “fuera malo, una condena o un insulto”.

© Víctor Sariego

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Curso de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP): nueva vejez, nuevo modelo de atención

(Víctor Sariego, 29/3/2017).-  El próximo 28 y 29 de abril en Santiago de Compostela, la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) imparte el Curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la Implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP) desde el Modelo Tradicional.

Cuenta con la solicitud de acreditación de la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia, la Colaboración de la Universidade de Santiago de Compostela y la Universidade de Vigo, de la Comisión Permanente de Avaliación Académica da SGXX y del Colexio Oficial de Médicos de Santiago de Compostela.

Un curso imprescindible para estudiantes y profesionales del ámbito socio sanitario que imparte Lourdes Bermejo, licenciada en Ciencias de la Educación, diplomada en Gerontología Social, experta en Intervención Social Integral y educadora social habilitada. El curso está dirigido por Carlos Dosil, doctor en psicología y vocal de psicogerontología de la SGXX y en él participan diferentes expertos de la entidad.

Su metodología es variada y participativa, con exposiciones teórico prácticas, reflexiones, debates y trabajo individual y en grupos, con un aprendizaje significativo y aplicable a la realidad de los participantes.

(Puedes inscribirte aquí directamente haciendo clic)

El modelo de AICP

El actual envejecimiento, inédito hasta ahora en la historia de la humanidad, es uno de los grandes logros de la sociedad del bienestar, si bien supone un nuevo gran reto que, a su vez, necesita de nuevas herramientas para que su atención sea positiva para la sociedad en su totalidad.

Un fenómeno constante en la trayectoria de la SGXX que destaca que en España residen 8.701.380 personas mayores de 65 años, el 18,7 por ciento de la población o que la tasa de crecimiento anual de este colectivo social crecerá en torno al 2 por ciento hasta 2050 en el residirán más de 15 millones de mayores en el país, el 32 por ciento de toda la ciudadanía.

Nueva situación que requiere a su vez un nuevo enfoque de análisis, entre ellos sobre el modelo de atención que rige en residencias y viviendas institucionales públicas y privadas.

En ese sentido el modelo de atención vigente en el sector hasta ahora -sistema centrado en el servicio- se ha demostrado incapaz ante los nuevos cambios y realidades del envejecimiento y vida de las personas mayores. Especialmente aquellas con deterioro cognitivo o dependencia leve y trastornos neurodegenerativos.

Así cada vez es mayor el número de profesionales del sector que recurren al modelo AICP con el objetivo de convertir a usuarios y usuarias en el centro de la atención profesional, transformando las residencias en hogares para las personas mayores, logrando que la atención profesional no se realice a “pacientes o dependientes” sino a “personas” a las que se apoya en su autonomía, en el control de su propia vida, en el bienestar subjetivo, la capacidad de decidir e incluso la dignidad personal hasta los últimos momentos de vida.

La principal novedad de la AICP es que se centra en los gustos y preferencias de las personas, frente a los sistemas tradicionales de trabajo, más vinculados en la organización o en la entidad. O que normalmente la persona usuaria de un servicio tradicional se adapta a las condiciones, actividades y forma de trabajar de la entidad que se lo presta, en contraposición a la ACP donde se trabaja de forma mas personalizada, más flexible procurando que la gente se sienta mas cómoda y a gusto conociendo y teniendo en cuenta lo que ha sido su Historia de Vida, adaptándose en lo posible a su vida de su hogar.

En relación a los equipos profesionales que lo adoptan significa un gran cambio, especialmente en lo que concierne al personal de atención directa o gerocultura: además de las funciones clásicas de ayuda o acompañamiento en la vida diaria, pasan a tener un papel mucho más importante como profesionales de referencia de las personas usuarias, pues se implican en el bienestar psicológico, emocional y social de estas, como un miembro mas del equipo interdisciplinar del servicio.

Paralelamente éste no es un sistema más caro, no tiene por qué serlo. Lo consigue variando la organización y procurando la humanización y ambiente agradable en los espacios.

En España y Galicia su implantación tiene cierto retraso respecto a otros países, aunque ya existen centros privados y públicos que comienzan a trabajar en esta línea o cuyos proyectos de AICP se encuentran en distintos momentos de su recorrido dado que, si una institución utiliza el modelo residencial tradicional, necesita tiempo y formación para ir realizando cambios.

Beneficios personales, familiares y profesionales

Entre los beneficios que este nuevo modelo puede aportar a las personas mayores destaca una mejora de la calidad de vida de la persona usuaria que pasa a disponer de un gran bienestar subjetivo y mejor estado de ánimo, autonomía y dependencia y también un mayor sentimiento de satisfacción con la atención recibida, una mayor implicación en su plan de atención.

Las familias facilitan y animan con la presencia y colaboración en muchos de los cuidados, aumentan su confianza hacia el lugar en el que viven y sus profesionales y mejoran la relación tanto con la persona mayor como con la institución donde vive y se previenen dificultades. A eso se suma un mayor sentimiento de satisfacción con la atención que su familiar mayor recibe.

A los profesionales les aporta dignidad y cualificación en su trabajo asistencial y mayor motivación, ilusión y autoestima, favoreciendo los procesos de mejora e innovación, visibilizando, reforzando y poniendo en valor las actitudes profesionales positivas e incluso las buenas prácticas y el buen trato.

Se comparten logros, responsabilidad y alternativas para subsanar errores o fallos que pasan a ser exclusivos de ellos y genera la creación de espacios donde cooperar y comunicarse con usuarios y usuarias, con las familias y otros profesionales.

Por último con este modelo de ACP en la organización que la adopta se mejora en general la atención a la persona usuaria, el ambiente laboral, la toma de decisiones colectivas, el burn out o síndrome de quemado y el absentismo profesional.

Promueve instituciones más cordiales y receptivas a los cambios, la participación, la labor en equipo y el intercambio. Minimiza los problemas con las personas mayores y sus familias y ofrece un modelo referente de atención que evita las prácticas inadecuadas en las que, además se previene el maltrato y se facilita la coordinación con los recursos comunitarios.

 

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Mitos, estereotipos y publicidad eliminan los derechos de las personas mayores

perezmartin

Javier Pérez Martín establece una clara relación entre mitos, estereotipos, prejuicios y ausencia de derechos de las personas mayores

(Santiago de Compostela, 19/11/2016).- Los estereotipos y mitos a lo largo de la historia, sumados a algunos ámbitos de la cultura y la publicidad actuales están acabando con la dignidad y los derechos de las personas mayores. Así lo subraya Javier Pérez Martín, geriatra, coordinador residencial, docente en geriatría y vicepresidente de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) que este 19 de noviembre protagonizó en Santiago una de las ponencias del I Curso de Traballo Social e Xerontoloxía Sociosanitaria que, de forma pionera, celebran dicha entidad y el Colexio Oficial de Traballo Social (COTSG).

Un foro que tendrá su continuidad durante toda la semana con trabajos individuales y colectivos tutorizados y un segundo encuentro en Santiago, el próximo sábado.

Pérez Martín dejó claro en su ponencia “Mitos y realidades. Aspectos sociodemográficos del envejecimiento en Galicia” que la discriminación por edad o edadismo “es un estereotipos muy difícil de identificar, por su gran aceptación social, falta de definición en relación a la estereotipia del lenguaje y la ausencia de herramientas de medición apropiadas” y sin embargo, “un fenómeno sumamente grave”, asegura, “ya que los estereotipos hacia las personas mayores conforman una imagen social y cultural muy distorsionada de este colectivo” que deriva en la eliminación de sus derechos más básicos, en la justificación y utilización de malas prácticas e incluso en maltrato en su atención.

Para desterrar estas falsas concepciones es preciso identificarlas, analizarlas y conocerlas. Entre ellas este experto destaca el edadismo o viejismo o que el número de años vividos “determine despectivamente lo mayor que es alguien”. También la improductividad “o que las personas dejen de ser útiles a la sociedad al llegar a la vejez”. La desvinculación, ausencia de interés y compromiso por las cuestiones cotidianas que antes eran importantes, la inflexibilidad que impide cambiar o adaptarse a nuevas situaciones o la senilidad que “identifica vejez con enfermedad y que sea normal que en ella se den los síntomas de insuficiencia cerebral senil”. Por último, añade, la serenidad “en un sentido limitador de decadencia intelectual, uno de los tópicos más extendidos que estipula que la inteligencia se deteriora con los años”.

Capítulo aparte lo conforman la apatía y desinterés por la sexualidad que, supuestamente, es típica de la vejez, uno de los prejuicios más extendidos en el que además existe una doble dimensión, prosigue Pérez Martín: “por un lado se supone que en la vejez desaparece todo el interés por la sexualidad, toda una falacia, pero también se refiere a la sexualidad en los mayores como algo patológico y pervertido”.

En ese sentido, continúa, “en una sociedad donde el poder político tiende a actuar en base a las demandas sociales, la imagen social que se tenga de la tercera edad tiene una importancia capital”. Por eso, subraya, “los medios de comunicación tienen un papel determinante, muy influyente en la formación de opinión” y deben promover “una imagen positiva de la vejez alejada de estereotipos”.

No obstante, afirma el geriatra, “la realidad es que mucha publicidad refleja y refuerza estos mitos y estereotipos” por ejemplo el anciano y el ámbito rural para vender “sabiduría, lo tradicional, la serenidad, etc. enfrentado paradójicamente a mayores obsoletos, anticuados, enfrentados a los avances sociales y ahondando en el conservadurismo, la serenidad, la ausencia de compromiso o la desvinculación”.

Otros anuncios “insisten en la necesidad de cuidados especiales achacados a la edad” para vender productos relacionados con enfermedades o problemas físicos, “reforzando mitos como el edadismo o la senilidad, al asociar enfermedad con persona mayor” y también “la búsqueda de la perfección y el imperio de lo joven -especialmente en cuanto a la estética- para combatir la imagen deteriorada de la vejez” desnaturalizada además con modas artificiales, una sobrevaloración de la juventud y una visión desgraciada de la vejez.

Existen por último aquellos mensajes que “proclaman la necesidad de apartar a los mayores de la sociedad, de relegarles a otras tareas, pues su tiempo ya ha pasado”.

Situación en Galicia

Esta situación es particularmente influyente y perversa en Galicia, la Autonomía más envejecida de España donde las 661.296 personas mayores de 65 años, de un total de población de 2.720.700 habitantes, llega al 24,3 por ciento, el más alto de todo el Estado (donde la media es del 18,7 por ciento) y en la que existen áreas geográficas de Ourense y Lugo en las que este índice supera el 32 por ciento, por encima de zonas similares de Japón, el país más envejecido del mundo.

A esto se suma que en 2015, por primera vez en la historia, el saldo vegetativo gallego (diferencia entre nacimientos y defunciones) ha sido negativo, es decir, el número de defunciones supera al de nacimientos, pasando de -10.299 en 2014 a -12.057 en 2015.

Por otra parte, Galicia perderá 134.813 habitantes en el período 2014-2024, lo que supone una diminución del 4,9 por ciento de su población. Ourense y Lugo tendrán las mayores pérdidas de población en términos relativos (un 9,6 por ciento y un 7,3 por ciento respectivamente) y el envejecimiento general se incrementará progresivamente con un 27,4 por ciento de personas mayores de 65 años en 2024.

Un fenómeno en el que todo estereotipo y prejuicio no hará más que invalidar la atención necesaria que requiere para que no se convierta en un problema, sino todo lo contrario. Porque, como deja muy claro Perez Martín, “envejecer es algo positivo” como siempre recuerda la SGXX. “Todo el mundo quiere vivir más y llegar a muy mayor lo mejor posible” subraya, pero el envejecimiento está generando una amplia transformación económica y social que exige responder a los nuevos retos y necesidades que conlleva.

Por eso, insistir en una imagen negativa de las personas mayores afianza su estigmatización e incrementa los estereotipos hacia ellas y, lo más grave, les insta a creérselo, a interiorizarlo como verdadero.

Situación que, en su mayor parte tiene que ver con la imagen de la vejez que cierta parte de la sociedad proyecta y en cuya erradicación puede desempeñar un gran papel los medios de comunicación. Por eso la SGXX insta para a los profesionales del periodismo a que reconozcan y no recurran en su labor a este tipo de estereotipos que no dejan de ser un tipo de discriminación.

 

Curso pionero

El curso Traballo Social e Xerontoloxía Sociosanitaria es una formación que la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) y el Colexio Oficial de Traballo Social de Galicia (COTSG) organizan conjuntamente y de forma pionera en la Comunidad Gallega en dos jornadas. La primera de ellas este sábado 19 de noviembre de 9.00 horas a 18.00 horas en el Colexio de Médicos de Santiago de Compostela (rúa San Pedro de Mezonzo, 39) y la segunda el siguiente sábado 26 de noviembre en la misma sede y horario.

El curso, declarado de Interese Sanitario por la Consellería de Sanidade da Xunta de Galicia, cuenta con la colaboración de la Facultade de Ciencias da Educación de la Universidade de Vigo. Consta de 25 horas de formación oficial (16 presenciales y 9 de trabajo individual y grupal tutorizado) y está destinado a profesionales del Traballo Social, de Atención Primaria (Concellos y SERGAS) de la Administración Municipal y Autonómica, de centros sociosanitarios de mayores, residenciales o de día; alumnos de las Universidades de Galicia y otras entidades del sector de apoyo y atención a las personas mayores.

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