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‘Alzheimer vs Demencia con Cuerpos de Lewy, ¿por qué no Demencia Frontotemporal?’

(Víctor Sariego, 5/01/2018).- Inés Esteves, Ana Vieira, José Caamaño, Romina Mouriz, Laura García, Raquel Fernández, Carlos Dosil y David Facal, acaban de publicar en la prestigiosa revista digital de psicogerontología Neurama, el artículo ‘Alzheimer versus Demencia con Cuerpos de Lewy, ¿por qué no Demencia Frontotemporal?’.

 

Una disertación sobre las demencias como uno de los principales problemas sociosanitarios en la península ibérica derivado, no sólo de las dificultades de diagnóstico diferencial que conllevan y de las implicaciones en cuanto al abordaje terapéutico, sino también del coste socioeconómico que supone.

 

Entre los principales tipos de demencia figuran la enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular, la demencia por cuerpos de Lewy y la demencia frontotemporal con sus variantes, que muestran prevalencias diferentes según las series estudiadas. Todas ellas se caracterizan por el déficit progresivo de las funciones cognitivas, trastornos psicológicos y de conducta con gran repercusión en la función y en la socialización a medida que progresa el deterioro orgánico. Sin embargo existen matices en cuanto a la forma de inicio y los síntomas evolutivos, reflejado todo ello en criterios diagnósticos consensuados que se consideran de gran relevancia por lo que se refiere a la optimización de las opciones terapéuticas farmacológicas y no farmacológicas, así como a la selección de recursos de atención.

 

En este contexto, los autores y autoras del artículo presentan el caso de una mujer de 75 años con un cuadro cognitivo y conductual compatible con un diagnóstico de demencia, institucionalizada en un centro gerontológico y que plantea las diferentes hipótesis nosológicas empleando un análisis semiológico, los protocolos diagnósticos iniciales y de continuación, así como las principales opciones terapéuticas desde una perspectiva de intervención transversal que han contribuído a la deliberación sobre el caso.

 

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Introducción

El concepto demencia designa un grupo de patologías caracterizadas por un deterioro significativo que afecta a uno o más dominios cognitivos (atención, función ejecutiva, lenguaje, memoria, capacidades perceptivas y psicomotriz, o la cognición social), y que presenta dispares trastornos psicológicos y de conducta, con gran repercusión en la función en comparación con el nivel anterior del individuo. Es considerado como un síndrome complejo asociado a varias etiologías.

Conunapoblaciónqueenvejece,esteproblemaadquiere cada vez más relevancia, dada la alta prevalencia de la enfermedad. Las estimaciones del año 2010 sugerían que la población mundial con demencia superaba los 36 millones de personas, con una previsión al año 2020 de hasta 66 millones de personas. La realidad es que en el año 2015 a nivel mundial la patología demencia está presente en aproximadamente 47 millones de personas, es decir, la población de España (World Alzheimer Report, 2015, World Alzheimer Report, 2016). En Europa Occidental exitían en el año 2010 hasta 9.95 millones de personas afectadas por demencia, con una proyección al año 2050 de 18.65 millones, con una prevalencia de 7.1 %. Países como Francia e Italia contaban con más de 1.1 millones de personas diagnosticadas, mientras que es España se estima que son entre 600.000 y 800.000 los afectados (Reynish et al, 2012).

 

La cuatro subtipos más comunes en orden de frecuencia son la enfermedad de Alzheimer, la demencia vascular, la demencia con cuerpos de Lewy y la demencia frontotemporal. Sin embargo se debe ser prudente a la hora de hacer estimaciones sobre la proporción de la prevalencia de cada uno de los tipos pues se basan en diagnósticos de probabilidad clínica que siguen criterios consensuados pero que dependen del momento del diagnóstico y de la evolución individual de la sintomatología.Con las  tecnologías de las que disponemos en este momento, los estudios

neuropatológicos indican que las formas “mixtas” son más comunes que las formas “puras”, particularmente en los casos de enfermedad de Alzheimer con patología vascular y enfermedad de Alzheimer con presencia de cuerpos de Lewy difusos (Neuropathology Group of the Medical Research Council Cognitive Function and Ageing Study, 2001).

 

En una serie de casos con diagnóstico de demencia de más de 1.000 autopsias, un 86% de la muestra tenían una patología relacionada con  la enfermedad de Alzheimer, pero sólo un 43% cumplían criterios de enfermedad de Alzheimer pura, mientras el 26% tenían una mezcla de demencia tipo Alzheimer y patología cardiovascular, y  10%  presentaban  la  enfermedad de Alzheimer con cuerpos de Lewy a nivel cortical. Además, la demencia frontotemporal tendía a ser mal diagnosticada en vida de los sujetos como enfermedad de Alzheimer (Jellinger, 2006). Un estudio comunitario observó la relativa frecuencia de distintas formas de demencia con los siguientes resultados: enfermedad de Alzheimer (41%), demencia vascular (32%), demencia en la enfermedad de Parkinson (3%), demencia frontotemporal (3%), y demencia con cuerpos de Lewy (8%) (Stevens et al., 2002). El meta análisis EURODEM sobre estudios de los años 90 facilitó las proporciones especificas a la edad y al sexo en la enfermedad de Alzheimer y demencia vascular.

 

El estudio  mostró que la proporción de Alzheimer entre las mujeres se mantuvo constante en alrededor de un 70%, mientras que entre los hombres aumentó progresivamente de 38% (entre 65-69 años) a 80% (mayores de 90 años) (Lobo et al., 2000). Por otra parte, algunos estudios indican que la demencia frontotemporal  podría  ser un subtipo frecuente de inicio de la demencia en la enfermedad de Parkinson, especialmente en hombres, entre quienes sería el subtipo más común hasta los 55 años (McGonigal et al., 1993).

El abordaje integral de las demencias incluye el diagnóstico de inicio, la diferenciación entre los subtipos de enfermedad y la optimización terapéutica tempranos. Esto no siempre resulta sencillo pues, aunque existen criterios consensuados, la realidad clínica muestra la gran heterogeneidad sintomatológica y, sobretodo, la evolución dispar yaltamente individual.

 

En este contexto, la existencia de un consenso sobre los criterios diagnósticos de las demencias cobra especial relevancia. Así, el “National Institute of Neurological and  Communicative   Disorders   and   Stroke   and the Alzheimer’s Disease and Related Disorders Association (NINCDS-ADRDA)” o la “American Psychiatric Association” plantean la conveniencia de, para lograr diagnósticos de consenso, se empleen criterios consensuados anivel internacional. De esta forma, los criterios señalados hacen hincapié en la forma de inicio, las manifestaciones evolutivas y las peculiaridades de cada uno de los principales tipos de demencia.

Los distintos tipos de demencia presentan síntomas comunes de incidencia variable en tiempo y severidad que incluyen los déficits cognitivos ylasmanifestaciones neuropsiquiátricas con diferencias sutiles según el tipo de  enfermedad,  además  de  la  evolución  funcional y sus repercusiones sociales. Por lo tanto, para un diagnóstico diferencial de las demencias, el uso de criterios diagnósticos contrastados es  esencial  pues se apoyan en la observación clínica y en la realización de un protocolo de despistaje que emplea métodos clínico-biológicos y herramientas de evaluación cognitiva, neuroconductual, funcional y social.

 

Son mútiples las posibilidades testológicas con el fin de conocer en profundidad los síntomas cardinales y proceder a un diagnóstico probabilístico acertado. En nuestro entorno, el Grupo de Avaliación Cognitiva e Neuropsicolóxica (GACN), de la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX), en su “Documento técnico de consenso de la SGXX sobre herramientas de evaluación cognitiva y  neuropsicológica  en centros gerontológicos”, reflexiona sobre le necesidad de “establecer un protocolo de  evaluación  básico que:

 

  1. Permita una aproximación de lo general a lo particular, que se estima fundamental en el contexto de la valoración geriátrica y gerontológica.
  2. Que sirva  para  maximizar  la  efectividad  y  eficiencia  de la valoración cognitiva, teniendo en cuenta la sensibilidad, adecuación a la persona mayor y encaje en el funcionamiento de los centros; c) cuyo proceso de validación permita garantías en la aplicación de los tests, aún cuando carezcamos de baremos específicos para la población gallega”.

 

Como aspectos relevantes en la propuesta se consideran, la inclusión de familiares y cuidadores en el proceso de valoración, el empleo de instrumentos baremados y validados, la selección de tests de evaluación cognitiva adecuados considerando lasensibilidad alcambio de los instrumentos ylareserva cognitiva de los pacientes, la inclusión de la evaluación de los trastornos conductuales y psicológicos (Facal et al., 2015).

El abordaje terapéutico de las demencias incluye estrategias farmacológicas y no farmacológicas.  En  el primer caso, existen fármacos específicos para el tratamiento sintomatológico de las demencias a través de inhibidores de la acetilcolinesterasa (Mattews et al 2000, Burt T. 2000, Feldman et al. 2001,) yelagonista del receptor de glutamato NMDA, Memantina, (Tariot et al. 2004. Reisberg et al. 2003) con resultados modestos en cuanto al objetivo de remisión de los síntomas cognitivos, no así en cuanto  a potencial  retraso  en  la evolución de la enfermedad y en la incidencia de síntomas psicológicos y conductuales (Mega et al. 1999, Cummings et al 2000, Caamaño  2003).  Para  el tratamiento de los síntomas neuropsiquiátricos, también llamados síntomas conductuales y psicológicos de la demencia (SCPD), complejo, se requiere de otros tipos de fármacos diferentes a los anteriores, de modo que se emplea una amplia gama de grupos terapéuticos que incluyen antipsicóticos, antidepresivos y ansiolíticos de diferente naturaleza (Bourin & Vercelleto 1999. Teri et al ., 2000. Veiga Fernández et al., 2000. Street et al., 2001).

 

Variadas son las propuestas de intervención no farmacológica empleando diferentes estrategias que combinanprogramasindividualesygrupalesorientados al paciente, que incluyen sistemas de potenciación mnésica, orientación a la realidad, terapia del lenguaje, animación estimulativa, o rehabilitación de actividades de la vida diaria, además de los programas dirigidos a la familia o cuidadores principales que buscan ampliar el conocimiento sobre la enfermedad y la resolución de problemas concretos y el control de emociones (Balo & González-Abraldes, 2010). Además, se  precisará un continuum en la toma de decisiones que incluirán también aspectos sociales, éticos y legales que van desde la capacidad de toma de decisiones en los momentos iniciales de la enfermedad, o cómo, en dónde y por quién quieren ser cuidados cuando la evolución de la enfermedad así lo exija, de modo que pueden dar lugar a que las personas afectadas hayan de precisar el uso de recursos comunitarios e institucionales para garantizar niveles de atención de calidad (Caamaño et al., 2007. Caamaño et al., 2017).

Caso

Mujer de 75 años. Diestra. Natural de área rural de la provincia de Lugo (Galicia). Emigrante en Suiza duante 4 años. Escolaridad: estudios elementales. Profesión: hostelería. Casada, 1 hijo varón.

Situación clínica al ingreso: institucionalizada en relación con un cuadro de demencia de más de 5  años de evolución, con componente cognitivo y conductual. La familia refiere inicio caracterizado por olvidos, amnesia para hechos recientes y trastorno de la marcha.

 

La progresión de la enfermedad incluyó Deliberaciones sobre un caso pseudopercepciones auditivas, ideación delirante, conducta hostil, agitación y actividad desorganizada, además de afasia y disartria crecientes. Difícil control sintomátológico domiciliario a pesar del tratamiento psicofarmacológico, por su rechazo a la toma.

Aportan informes clínicos de los años 2015, con un diagnóstico de enfermedad de Alzheimer en estadio moderado y en tratamiento con Donepezilo y 2016 con un diagnóstico de Demencia degenerativa – posible enfermedad con cuerpos de Lewy diseminados– además de diferentes pautas terapéuticas.

 

Metodología

Una vez institucionalizada se procedió al registro  de la información y el estudio  de los informes  clínicos  y sociales aportados por la familia de la residente. Seguidamente se puso en práctica el protocolo habitual del centro en cuanto a valoraciones del equipo transdisciplinar, médicas y de enfermería, psicológicas, de terapia ocupacional y de fisioterapia, además de social.

 

El examen clínico de inicio se complementó con las siguientes herramientas: Mini-Examen Cognitivo (MEC), Severe Mini-Mental State Examination (SMMSE), Escala de Cornell para depresión en demencias (ECDD), Inventario Neuropsiquiatrico (NPI-NH), Inventario de Agitación de Cohen- Mansfield (CMAI), Escala  de  medición  de  la  apatía en pacientes con demencia tipo Alzheimer institucionalizados (APADEM-NH),  Índice  de Barthel para valoración de las actividades de la vida diaria, Escala de Tinetti para valoración de la marcha y el equilibrio, Timed Up and Go test y la Clinical Dementia Rating (CDR) (Arriola et al., 2001).

En la valoración posterior, el estudio se implementó utilizando el Memory Impairment Screen (MIS) (Buschke et al., 1999. Dechent et al., 2013) y el Inventario de Síntomas Prefrontales Abreviado (ISP20) (Ruiz-Sánchez el al., 2015), con la intención de objetivar memoria inmediata y atención, además de sintomatología prefrontal.

Resultados

Valoración clínica al ingreso en la institución: institucionalizada desde el mes de diciembre de 2016 con un diagnóstico de demencia y en relación a dificultades de soporte domiciliario condicionadas por los síntomas cognitivos, conductuales y funcionales de la enfermedad.

 

Antecedentes Personales

 

Demencia. Distimia. Artrosis de pequeñas articulaciones. HTA. Colecistectomía. Insuficiencia Vascular Periférica que motivó flebotomía. Cirugía ocular en relación a estrabismo.

– Examen Físico: Consciente. Orientada en persona. Desorientada en tiempo y espacio. Síndrome amnésico- afaso-apraxo-agnósico. Discurso no coherente y defectual. Disartria y afasia. En el examen clínico se objetivó hiperreflexia osteotendinosa en miembros superiores e inferiores, temblor de miembros superiores, dificultades moderadas en la coordinación y marcha lenta con anteropulsión.

– Analítica hemática: protocolo de despistaje de demencias con parámetros dentro de la normalidad.

– Pruebas deneuroimagen: RMN Craneal, Mayo- 2014: “Importante atrofia cortico-subcortical y cerebelosa senil que se acompaña de escasas hiperseñales periventriculares, compatibles con  leucoaraiosis grado 1. Atrofia de hipocampo. Dilatación de espacios de Virchow-Robin a nivel subcortical, en espacios perforados, así como perimesencefálicos,  hallazgo  no necesario patológico en este grupo de edad. No se identifican otras alteraciones significativas.”

La evaluación ha mostrado resultados objetivos y observacionales y lo cierto es que  la adaptación  de  la residente a la institución ha seguido un curso oscilante, principalmente en lo que concierne al plano psicológico y su conducta asociada, motivo por el cual el seguimiento del caso se planteó muy estructurado en lo formal.

Valoración clínica tras 4 meses de institucionalización

Situación Actual: Dificultades de adaptación a la vida del centro con conductas herrantes y negativismo, agitación secundaria, heteroagnosia, conductas sexuales propositivas, tristeza y llanto, además de verbalización autolítica ocasional.

 

Examinada por la unidad de Psicogeriatría del Sevicio Galego de Saúde en relación a los síntomas conductuales y psicológicos, se ajusta el tratamiento, reduciendo Duloxetina a 30 mgs/24 horas, e incrementando Quetiapina a 75 mgs/24 horas.

 

– Examen Físico: Consciente. Orientada en persona. Desorientada en tiempo y espacio. Síndrome amnésico- afaso-apraxo-agnósico. Discurso disartrico y afásico, dislexia, no coherente y defectual. En el examen clínico se objetivó hiperreflexia osteotendinosa, temblor de miembros superiores, dificultades moderadas en la coordinación y marcha lenta con anteropulsión y lateralización izquierda.

 

Dadas las dificultades para una valoración ágil, se procedió a emplear del MIS con la intención de verificar en un breve espacio de tiempo las dificultades de memoria immediata a la vez que la atención y la fluencia verbal en una tarea muy breve pues la paciente se mostraba escasamente colaboradora. El resultado fue de 0 en recuerdo libre y 0 en recuerdo facilitado, debido a la distorsión atencional de la paciente.

Simultáneamente se empleó el Inventario de Síntomas Prefrontales Abreviado (ISP20), recogiendo la información, por observación, el médico del centro para consensuar con las opiniones del equipo técnico sobre el caso. Los resultados mostraron que de los 20 ítems que evalúa la herramienta, 11 fueron valorados como que ocurrían siempre o casi siempre (referidos a aspectos como falta de iniciativa, ausencia de capacidad de planificación y de toma de decisiones, déficit de concentración y de memoria, entre otras).

 

La ECDD mostró un resultado significativo fundamentalmente en todo lo relacionado con el humor y el ánimo, pero también en los ítems relativos a trastornos de conducta e ideacionales. Por lo que al NPI-NH respecta, las mayores puntuaciones se dieron en síntomas como disforia, ansiedad, agitación, apatía, desinhibición y conducta motora sin finalidad. La agitación general se expresó en crisis, sin embargo ítems del CMAI como la deambulación, la actividad inadecuada, y el negativismo se mostraron prevalentes.

 

Desde el constructo APADEM-NH (cuyos ítems evalúan déficit de pensamiento y de conductas autogeneradas, aplanamiento emocional-afectivo e inercia cognitiva), hemos determinado que  uno  de los síntomas de mayor reflejo en las emociones y la función de la paciente es la apatía.

Dos síntomas nos han parecido especialmente relevantes en el caso, la conducta propositiva sexual por desinhibición y su relación con la agnosia o la prosopagnosia, y la ideación autolítica verbalizada con reiteración.

 

La evolución al mes de producirse el ajuste terapéutico farmacológico se valoró en reunión de equipo transdisciplinar considerándose tórpida, y una vez escuchadas las opiniones del familiar responsable se acuerda un reajuste progresivo del tratamiento entre los meses 2 a 5 del ingreso en el centro reduciendo Quetiapina a 25 mgs cada 12 horas e incrementando Duloxetina a 60 mgs cada 24 horas, con el objetivo de optimizar aquellas áreas susceptibles de mejora, entre ellas la adaptación al entorno, las relaciones interpersonales y la participación en las actividades propuestas por el equipo  técnico.  La  impresión actual es que se ha logrado la reducción parcial de la sintomatología defectual y conductual, principalmente la actividad disruptiva y la agitación, asociadas a la mejoría emocional.

Discusión

En las demencias han de dilucidarse varios aspectos clave. En primer lugar lo relativo a diagnóstico y diagnóstico diferencial, en segundo lugar la evolución de la enfermedad en cuanto al deterioro  cognitivo,  las manifestaciones psico-conductuales y el déficit funcional, en tercer lugar, las opciones terapéuticas farmacológicas y no farmacológicas y, en cuarto lugar, la adaptación de los recursos a las necesidades de la paciente y la familia.

 

Observando detenidamente el caso, los diagnósticos previos no concordantes y el seguimiento de la evolución de los  cuatro últimos meses de cerca por  el hecho de estar institucionalizada,  nos  planteamos si en realidad el diagnóstico podría ser o no correcto (aplicando criterios DSM-V) y, a partir de un debate prudente, intentar apuntalar las hipótesis diagnósticas.

No es el objetivo principal del equipo profesional de un centro gerontológico la realización de un diagnóstico etiológico, pues lo habitual es que eso ocurra en centros especializados empleando los procedimientos al uso. Sin embargo, si parece razonable la utilización de protocolos de evaluación y seguimiento recomendados en la literatura previo a la confección de un plan de intervención individualizado que optimice la asistencia en la institucionalización (Facal et al., 2015. Caamaño et al., 2007).

 

Así, creemos que las características evolutivas de la paciente en lo cognitivo, comportamental y funcional, podrían poner en duda el cumplimiento sensu estricto Alzheimer versus Demencia con Cuerpos de Lewy, ¿por qué no Demencia Frontotemporal? Deliberaciones sobre un caso de criterios para el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer y demencia con cuerpos de Lewy. No parece descabellado, pues, pensar en un diagnóstico de demencia frontotemporal en cualquiera de sus formas argumentado  por  tres   observaciones   importantes, la primera, la presencia de trastornos conductuales significativos en presencia de un rendimiento mnésico relativamente conservado aunque limitado porel déficit de atención y los síntomas psicológicos; la segunda, las características evolutivas de su capacidad de expresión y lenguaje y, finalmente, el declive funcional.

 

Los dos tipos de demencia en los cuales el trastorno del lenguaje se considera como un síntoma temprano son la enfermedad de Alzheimer y la demencia frontotemporal, variante semántica. Sin embargo, en la primera el síntoma principal es laanomia, manteniendo un discurso fluido y con una gramática correcta, progresando hacia la reducción en la producción de palabras y las estereotipias verbales. En la segunda se produce un deterioro de memoria semántica con un lenguaje más o menos fluido que  evoluciona  hacia  la pérdida de fluencia verbal, mostrándose un habla más forzosa y entrecortada, vacilante y con parafasias (Snowden et al., 1996). Se objetiva un empobrecimiento general del conocimiento semántico con relativa preservación de la memoria autobiográfica (Snowden et al., 2002).

 

Son escasos los estudios que comparan las características semánticas de las demencias. En uno de ellos, que comparó pacientes con diagnósticos de enfermedad de Alzheimer  y  demencia  semántica, los autores concluyeron que aunque ambos grupos presentaban un deterioro significativo de la información semántica, el grupo con diagnóstico de demencia semántica presentaba un mayor compromiso en las tareas que implican procesos de asociación semántica, afectándose no sólo la denominación y la categorización, sino también las relaciones entre los objetos reales (Rubinstein et al., 2014).

 

En el caso que presentamos, la evaluación cognitiva realizada, incluyó el MEC (Folstein et al., 1975), instrumento estructurado para la evaluación breve de funciones como orientación, memoria, concentración y cálculo, además de lenguaje y construcción. Permite discriminar síntomas incipientes de las demencias, aunque sin ser específico es de uso habitual en nuestro medio. Observamos un deterioro cognitivo  que podría calificarse de moderado en la evaluación con el MEC, aunque más específicamente, los resultados de los ítems de concentración y lenguaje mostraron peor rendimiento, lo que desde el punto de vista del déficit cognitivo podría apoyar nuestra hipótesis, entendiendo que las propias dificultades semánticas sesgarían presuntamente la evaluación rigurosa en cuanto al lenguaje.

 

Para un diagnóstico diferencial más atinado tendríamos que disponer de resultados en las pruebas de neuroimagen más recientes además de proponer una valoración de mayor especificidad que incluya fluidez verbal, definición de categorías, denominación, reconocimiento y emparejamiento, empleando los instrumentos propuestos por diferentes autores (Rubinstein et al., 2014. Peraita 2006), sin embargo la escasa colaboración de la residente limitaría el logro del objetivo diferenciador aunque una vez estabilizada si parecería razonable una evaluación mas intensiva en cuanto a trastornos de lenguaje.

 

La presencia de SCPD en las diferentes demencias está suficientemente relatada en la literatura, tanto en lo referente a la descripción y tipificación como a la epidemiología de los mismos, siendo los más frecuentes la apatía, la depresión, la actividad inadecuada y la ansiedad (Reisberg et al., 1987. Gómez et al., 1995. Cummings & Kaufer, 1996. Caamaño, 2010. Moreno & De Avellanal, 2015).

En el caso motivo de este trabajo se ha reproducido  la  amplia  gama  de  conductas  y  síntomas  típicos de las demencias y, algunos, frecuentes en la demencia   frontotemporal.   Más   concretamente  estas observaciones apoyarían investigaciones que consideran que síntomas como la apatía y la depresión están asociados a un incremento de la prescripción de psicofármacos por períodos prolongados y a déficit funcional (Cerejeira et al., 2012. Benoit et al., 2008).

 

El empleo del ISP20, aunque metodológicamente poco ortodoxo, permitió una implementación de la información sobre el caso favoreciendo la discusión y su posible correlación con los resultados obtenidos en APADEM-NH (Agüera-Ortiz et al., 2011).

Las referencias a la conducta sexual y la ideación suicida en las demencias no son muy abundantes en la literatura científica. La conducta sexual en las personas mayores está  condicionada  por  factores  biológicos, y psicosociales. Entre los  primeros,  a  la  presencia de enfermedades cardiovasculares, neurológicas, metabólicas y psiquiátricas, se asocia el consumo de fármacos. Entre los segundos, influirán la historia sexual previa, la disponibilidad  de pareja  sexual y  la privacidad.

 

Diferentes estudios muestran que el  tipo de demencia con un cambio  más significativo  en la sexualidad se corresponde con las demencias que afectan al lóbulo frontal, como la demencia frontotemporal. Las conductas sexuales inapropiadas más habituales son de tipo verbal, fabulatorio, exibicionismo, y actitudes desinhibidas en grado dispar. Se han observado diferencias en cuanto a modo de actividad sexual de manera que los pacientes con demencia tipo Alzheimer mostrarían conductas de mayor intimidad sexual mientras las demencias frontales se caracterizarían por la tendencia a una conducta desinhibida (Burns et al., 1990. De Medeiros et al., 2008. Hashmi et al., 2000).

 

Creemos que un factor que condicionaba la conducta sexual de la residente estaba en directa relación  con el hecho de presentar un prosopagnosia  de  modo  que a la falta de identificación de las facciones de su pareja se uniría la desinhibición propia de su estado por  afectación  frontotemporal.  De   todos   modos no son descartables factores psicosociales como el miedo y la angustia  que  podría  inducir  conductas de aproximación protectora (Shapira & Cummings, 1989). Como es lógico, la presencia de conductas sexuales inapropiadas supone un factor de distorsión en una institución gerontológica que afectará a residentes, familiares y personal dándose situaciones de difícil manejo por lo sensible del tema y por las implicaciones éticas que conlleva.

 

El abordaje de las conductas sexuales desinhibidas se realiza mediante tratamiento farmacológico con antidepresivos y antipsicóticos, además de programas de intervención no farmacológicos de perfil conductista en el residente, y geragógico en las familias y el personal del centro con el objetivo de adecuar las diferentes conductas al problema (Harris & Wier, 1998).

En las demencias, el estudio de ideación y praxis autolítica es complejo desde el punto de vista epidemiológico y desde el clínico. Sin embargo algunos autores apuntan toda una serie de factores  de riesgo  o predictores de suicidio en pacientes con demencia, que se resumen en sexo femenino, nivel educacional alto, profesión liberal, trastorno depresivo previo o asociado, demencia temprana, preservación del insight, diagnóstico reciente, historial de hospitalizaciones en unidades de psiquiatría y consumo de psicofármacos, siendo los métodos más empleados la intoxicación medicamentosa y las armas de fuego. Los mismos estudios consideran que la presencia de comorbilidad no incide en la frecuencia del suicidio y que la institucionalización supondría un factor de protección (Purandare et al., 2009. Seyfred et al., 2011).

 

El déficit funcional se acrecentó, creemos, por las dificultades adaptativas de la residente y sus  familia al entorno institucional, lo que no tiene un reflejo en  el estadiaje de la enfermedad medido con la CDR. Este observación se apoya en el hecho de que en la valoración no estructurada se objetiva un juicio crítico parcialmente conservado motivo por el cual hemos adoptado una actitud terapéutica prudente.

Desde la perspectiva terapéutica, las opciones empleadas en la residente se han considerado adecuadas, dado que ha estado tratada con un IACE y Memantina, fármacos específicos  para  el  control de los síntomas de las demencias. En términos farmacológicos, inhibidores  de la acetilcolinesterasa  y la memantina (agonista del receptor de glutamato NMDA) son el tratamiento de primera línea para los síntomas de demencia, pero tienen una eficacia más limitado en la demencia semántica, que no tiene una clara evidencia de disfunción del sistema (Tariot et al., 2004. Reisberg et al., 2003).

 

En elcaso de los SCPD seobserva el empleo de diferentes líneas terapéuticas, hecho habitual en casos similares dado que la conducta presenta manifestaciones evoluctivamente heterogéneas durante  el  proceso.  De  esta  forma,  nuestro  caso  podría  considerarse  el paradigma de las actuaciones farmacológicas en pacientes con demencia condicionadas por factores objetivos como el deterioro cognitivo cuantificable y por factores menos objetivos como la interpretación de los SCPD, el relato de la familia sobre el curso evolutivo de la enfermedad, o la disponibilidad de recursos económicos, infrestructurales y de optimización de espacios que garanticen la adecuada atención del caso.

 

En este sentido son varios los autores que apuntan una cierta falta de consenso en el aboraje farmacológico de los SCPD en cualquier tipo de demencia, de modo que la heterodoxia terapéutica, cuando no la anarquía, parece la norma (Ballard & Howard, 2006. Nygaard  et al., 2004. Schneider et al., 2006). No cabe duda, pues, de que el tratamiento de estos pacientes debe centrarse principalmente en el control de los síntomas conductuales y psicológicos y la construcción de una red de apoyo médico, psicológico y social.

Desde el punto de vista no farmacológico, las estrategias de primera línea se consideran las intervenciones cognitivas de diferente naturaleza, estimulación sensorial, técnicas de control de comportamiento adaptadas a las características de la persona, la potenciación de las actividades de la vida diaria y el ejercicio físico. Es importante ser consciente de los factores externos potencialmente perturbadores tales como sub o sobreestimulación, el ruido, dolor, u otros estímulos ambientales (Fernández-Calvo et al., 2010. Millán-Calentí et al., 2016).

 

En el caso de la paciente, cremos que la escasa participación (debido a su conducta apática) en las actividades de implementación cognitiva que se le presentaron incide de manera relevante en la evolución, condicionado por el bajo rendimiento en tareas verbales y en actividades que precisen atención, aparte, obviamente de la conducta abigarrada. Igualmente relevante es proporcionar al paciente y el cuidador (familiar o profesional) toda la información necesaria sobre las características de la enfermedad, fuentes de apoyo y estrategias para afrontar o prevenir cambios conductuales y psicológicos. El ambiente en el que vive el paciente, debe ser modificado con el fin de adaptar a sus necesidades. Esta realidad implica cambios en los que los distintos grupos de interés han de centrarse en la mejora de la calidad de vida de las personas con demencia.

 

La progresión del deterioro global y sus efectos en la estructura familiar condicionó la decisión del empleo de un recurso protésico como es un centro gerontológico tras aproximadamente 5 años de evolución, hecho derivado fundamentalmente de la presencia continuada de síntomas conductuales de severidad manifiesta y del progresivo deterioro funcional. En este sentido cabe señalar que los recursos de atención a las demencias plantean tres objetivos: retrasar la progresión de los síntomas cognitivos, controlar o estabilizar las manifestaciones neuropsiquiátricas y mantaner las capacidades funcionales, esto puede lograrse en centros de perfil comunitario como las clínicas de memoria o los centros de estancia diurna en fases precoces de la enfermedad, sin embargo, cuando la enfermedad progresa y el soporte sociofamiliar decae, la seguridad en los correctos cuidados puede lograrse con medidas como la  institucionalización.  Es evidente que no siempre es sencilla una decisión como supone el ingreso de un ser querido en un centro gerontológico, ahí influyen factores como la estructura familiar, aspectos sociolegales, y por supuesto, el estado de la persona objeto  de  institucionalización. La participación de los diferentes grupos de interés contribuirá a la deliberación sobre esta situación (Maside et al., 2011. Caamaño et al., 2007).

Conclusiones

¥ Se objetivan dificultades para el diagnóstico clínico preciso empleando los criterios actuales para la diferenciación de las demencias, especialmente en el caso de la demencia frontotemporal.

¥ De ser cierta nuestra hipótesis, la demencia frontotemporal, podría ser un subgrupo infravalorado epidemiológicamente.

¥ El caso que presentamos abunda en la discusión del paradigma cognitivo de las demencias frente a las manifestaciones psicológicas y conductuales en el sentido en el cual decisiones fundamentales para el sujeto parecen estar condicionadas por la evolución conductual y funcional, más que por la disfunción cognitiva.

¥ El abordaje terapéutico de las demencias, especialmente en aquellos casos con un componente conductual predominante, sugiere la configuración de nuevos planes de

atención individualizada de tipo transversal que incluyan fármacos y programas terapéuticos

y de adaptación de espacios contando con la intervención de los diferentes grupos de interés.

¥ El empleo de recursos muy protésicos está en directa relación con la presencia de síntomas conductuales evolutivos, de difícil control, y con el desarrollo de estrategias de atención en las que el binomio paciente-familia constituyan el centro del modelo con el objetivo de minimizar todo tipo de disfunciones a la par que humanizar la atención.

El artículo en versión digital, en su formato original en la revista Neurama, clicando aquí
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