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“Pasar de la atención a ‘dependientes o enfermos’ a la atención a personas”

El curso de AICP de la SGXX tuvo un gran éxito de participación

Los colectivos profesionales que demandan formación en AICP pertenecen en su mayoría al ámbito sociosanitario

Este curso tiene parte teórica y práctica, con un trabajo individual y colectivo posterior

La atención a personas con dependencia fue el objetivo principal del curso de AICP

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

(Víctor Sariego, 26/11/2017).- Después del gran éxito logrado en abril pasado con una primera edición, la Sociedade Galega de Xerontoloxía e Xeriatría (SGXX) celebró este fin de semana en el Colegio de Médicos de Santiago de Compostela la ‘II Edición del Curso de Formación Especializada Sociosanitaria para la implementación del Modelo de Atención Integral Centrada en la Persona (AICP)’. Una asistencia, la AICP, destinada a personas mayores dependientes y no dependientes, que busca satisfacer todas sus necesidades vitales y mejorar su calidad de vida, contando en todo momento con su participación plena, sus valores y su visión de cómo debe ser la vida que viven.

Al igual que ocurrió con la primera edición, el curso de la SGXX ha tenido una gran acogida e interés al completarse las 45 plazas que ofertaba, y quedar en reserva otras tantas, con las que la entidad se plantea incluso una tercera edición, dada su alta demanda.

   Lourdes Bermejo doctora en ciencias de la Educación, gerontóloga social y experta en Intervención Social Integral, fue la encargada de impartir este curso de AICP. Atención que define como “un nuevo modelo que contribuye a la mejora del sector, no sólo en cuanto a la calidad de la asistencia, sino porque además logra que las personas mayores sean tenidas más en cuenta desde los equipos profesionales”.

Objetivos de la AICP

Precisamente, una de las principales finalidades de la AICP es transformar la manera de trabajar y relacionarse con las personas usuarias, para lograr que resulten atendidas de la mejor manera posible y, a la vez, que tengan la posibilidad de seguir siendo personas adultas, valiosas y reconocidas, conscientes de una mayor calidad de vida en esta etapa vital, aún a pesar del estado de salud o la necesidad de atención.

Para lograr la implantación de la AICP, especifica, hay que incidir en todos los ámbitos de la atención: espacios, relaciones, entorno, trato, modo de vida… Por ejemplo, que las residencias e instituciones, sus espacios y las relaciones que generan entre profesionales y personas usuarias, “sean más agradables y amables para las personas en situación de fragilidad, dependencia o discapacidad”. Desarrollar un entorno “lo más parecido a lo que era su hogar” y que el trato recibido sea “más personalizado e individual”.

Como añade Bermejo, la AICP es todo esto y mucho más: es también “una forma de relacionarse, a todos los niveles, con la persona a quien prestas apoyos o cuidados y que implica no solo a los profesionales de la atención socio sanitaria, sino a los institución en su conjunto” pues, aclara, “necesitamos considerar la visón individual de cada persona, sus valores, su historia, sus decisiones, sobre cómo quiere vivir su vida”.

Capacidad para tomar decisiones

Esto implica que profesionales e instituciones que atienden a las personas mayores potencien en ellas su capacidad de valerse por sí mismas y de tomar decisiones, es decir, su independencia y su autonomía, su necesidad de mantener tanto como sea posible el control de su vida, “lo que sabemos mejora su bienestar subjetivo, su autoestima y su calidad de vida”.

Y es que, indica esta experta, el modelo tradicional, “prioriza la calidad asistencial, en función del control y de la seguridad, homogeneizando el trato y la oferta de actividades y de oportunidades para las personas, diseñando siempre desde el punto de vista del profesional y de la organización”. En ese sentido, subraya, “el modelo tradicional no tiene en cuenta la opinión de la persona ni la considera importante”. “Pero ahora sabemos”, añade, que “es necesario evolucionar hacia una manera de trabajar donde se dé voz a la persona para escucharla y, junto con nuestra opinión profesional, llegar a un consenso con ella”.

Bermejo considera que “la AICP establece los vínculos necesarios para que cada persona mayor pueda cumplir con esa vida que desea vivir, de la forma más parecida a como ha sido hasta ahora”. Es lo que define como “normalizar la vejez”. Aunque muchos profesionales e instituciones “ya poníamos en práctica algunos de estos aspectos, era mas como iniciativa personal, siempre que nos era posible, lo hacíamos, como un plus de calidad en la atención” aunque esto no era “ni lo habitual ni lo oficial” se hacía “por nuestra cuenta, no como lo que la entidad nos requería y buscaba” y, sin embargo, ahora esta manera diferente de trabajar, de concebir la atención “es el foco esencial de la AICP” lo que la diferencia claramente con el modelo tradicional, sobre todo, por que “convierte lo que antes era casi accesorio e informal en nuestra meta y razón de ser profesional”.

Un revolucionario modelo cuya mayor novedad, subraya, radica en la sustitución de atenciones. “De la atención centrada en el servicio se pasa a una atención centrada en la propia persona, con multitud de cambios que conlleva a todos los niveles: profesionales, de organización, para la empresa, la persona usuaria e incluso para las familias”. Y, también en el modo de considerar a la persona y la atención en sí misma pues, con la AICP se pasa de un modelo de atención para “dependientes” o “enfermos” a una atención para las personas.

No en vano, una de las principales herramientas de la AICP es la ‘Historia de Vida’: Con ella, el personal del centro tiene en cuenta el pasado, la experiencia, la vida vivida, los gustos, necesidades, deseos y anhelos anteriores, presentes y futuros de cada persona, para proponer -y nunca imponer- el modo de vida que mejor pueda adaptarse a esta historia de vida que, a partir de su elaboración, será el guión de referencia en esta etapa.

En ese sentido, existen multitud de profesionales y entidades que están acometiendo el cambio hacia la AICP. Incluso “con muy buena voluntad” advierte, pero en muchas ocasiones sin los conocimientos teóricos ni metodológicos que les permitan lograr los mejores resultados … y, como señala, “hemos de pensar que en este sector de la atención a las personas que debe buscar optimizar los recursos humanos para que podamos emplearnos en lograr que las personas no sólo estén bien atendidas, sino que estén lo más felices posible”.

Un modelo de futuro ya en marcha

Bermejo no alberga ninguna duda sobre la prevalencia de la AICP: “es el modelo del futuro, aún en proceso de implantación en España, pero con un recorrido y trayectoria en otros países, ya de varias décadas”. La idea de dar respuesta a cada persona en los servicios es una idea que va avanzando en todos los sistemas, el sanitario -con la atención centrada en el paciente- y el educativo -que contempla cada vez más la diversidad y las características y necesidades de cada alumno- todo ello en coherencia a un desarrollo social y cultural que busca que cada persona logre su máximo desarrollo y en un marco de convivencia basado en los derechos ciudadanos para todas las personas.

Este modelo, dice, “no es algo que copiemos de otros países sino un modo de mirar y dar soluciones desde nuestra cultura y sociedad, en constante evolución y mejora”, pues, asegura, “no es un sistema cerrado, se enriquece y avanza con el debate, las propuestas en común, el análisis constante de los agentes implicados”.

Otra garantía de la prevalencia de la AICP es que respeta los derechos de las personas: “los derechos son para todos y para toda la vida. Nadie debe perderlos cuando accede a la prestación de un servicio. La sociedad tendría que seguir garantizándoselos”. Si una persona tiene derecho a decidir, por ejemplo, tiene que seguir teniendo este derecho a la hora de recibir apoyos para su vida diaria. No hacerlo sería una discriminación por razones de edad o de situación física.

Es el modelo que va a ir avanzando, prosigue, “por que la sociedad no va a retroceder en derechos y la AICP se está convirtiendo en un modelo que garantiza que los ciudadanos puedan seguir disfrutando de ellos a medida que envejecen o llegan a una situación de fragilidad”. Otra cosa es “cómo avanzar en su aplicación, como actualizarla o implementarla, pero este modelo está aquí para quedarse, no hay vuelta atrás. Es un camino sin retorno, en positivo” insiste.

No en vano, concluye, “en la práctica la AICP es sólo un término. Lo importante es su esencia: los valores y filosofía que implica. Se trata en realidad de un modelo de respeto a la persona y de favorecer su calidad de vida y bienestar integral”.